Piercing en la vagina: del dolor al placer

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Piercing en la vagina

El piercing es hoy en día una práctica muy extendida de decoración del cuerpo con fines estéticos. Por suerte, cada vez menos gente muestra su rechazo cuando ve a una persona con un piercing; de hecho, los amantes de esta técnica ya no se erigen como los más transgresores, originales e innovadores. Y es que el piercing, que no es ni más ni menos que perforar una parte del cuerpo para insertar un adorno, no es algo novedoso, sino que ha sido utilizado desde antiguo por muchas sociedades preindustriales.

Dónde me hago el piercing

En una sociedad en la que ya no es alarmante aparecer con un piercing en el trabajo, cada vez más gente se siente atraída por esta técnica. Las partes del cuerpo donde poder llevar un piercing son muchas, pero las más habituales son las cejas, la nariz, el ombligo, los labios, y los genitales.

Si bien el piercing se suele realizar con fines estéticos, los piercing genitales no tienen ese componente de exhibición, sino que sus defensores proclaman los altos grados de placer que pueden llegar a producir.

La búsqueda de intensas sensaciones y nuevos placeres sexuales es lo que motiva a algunas mujeres a hacerse un piercing en sus genitales. Hay varias zonas donde puedes ponerte un piercing para intensificar tu placer.

El clítoris puede perforarse para atravesar una barra o un aro, por lo que el roce que produce el piercing puede ayudarte a conseguir más placer. Sin embargo, para este caso es necesario un clítoris con el suficiente tamaño. Por este motivo es más frecuente colocar el piercing en el capuchón del clítoris.

Los labios tanto mayores como menores son también un lugar bastante común para colocar uno o varios aros. E igualmente se puede colocar en la parte inferior de la abertura vaginal, aunque esta es una zona extremadamente sensible con peligro de desgarramiento.

Recomendaciones antes de hacerse un piercing

Antes de decidirte a utilizar la técnica del piercing en tus genitales es conveniente que te informes debidamente de las posibles consecuencias que puede tener. El peligro de infecciones y hemorragias es obvio ante la perforación de cualquier parte del cuerpo, al fin y al cabo estás introduciendo un elemento extraño en tu piel.

Algunos piercing precisan de un tiempo de curación más prolongado. Todo depende de la zona perforada, así que entérate bien del tiempo que vas a necesitar, así como de los cuidados que va requerir el piercing y de las posibles complicaciones que se puedan presentar. Y no dudes en preguntar todo lo que se ocurra sin temor a parecer una pesada, porque es tu cuerpo el que va a ser perforado. Tendrás que saber cómo higienizar la zona, cuál es el material más adecuado para la zona elegida, así como la forma del pendiente, cómo detectar síntomas de complicaciones y a quién acudir en caso de problemas.

Antes de decidirte toma en consideración los riesgos evidentes y los posibles, y ten en cuenta que un piercing va a necesitar un cuidado continuo y responsable para su correcto mantenimiento. Si decides hacerlo, acude a un profesional de confianza que te asesore bien y cumpla con todos los requisitos higiénicos.

Laura Sánchez  •  miércoles, 30 de mayo de 2012

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