Miley Cyrus ya no es una 'niña Disney'. La joven ya tiene 18 años y
múltiples escándalos a sus espaldas, como agresiones, problemas con el alcohol y enfrentamientos con su padre,
Billy Ray Cyrus. Una vez más apuesta por un vestuario que haga olvidar al personaje de 'Hannah Montana' que le dio fama con un
'look' mucho más atrevido.
En su primera gira tras
separarse de Disney, Miley Cyrus no quiere que queden dudas sobre su nueva imagen. Vestida con un
estilo roquero y sensual, la cantante y actriz estadounidense quiso provocar en el concierto inaugural, en Quito, con 'Gyspy Heart' ('Corazón gitano').
La cantante encendió a las
18.000 personas, en su mayoría niños y adolescentes acompañados de
resignados padres, que asistieron al espectáculo haciendo gala de una más que óptima calidad vocal con temas como 'Who owns my heart', 'Can't be tamed' o 'The climb'.
Miley Cyrus repasa sus clásicos con un toque roquero
Una
Miley Cyrus vestida completamente de cuero, con botas, 'shorts' y top negro con lentejuelas, a medio camino entre la Cher más
ochentera y una
'dominatrix', expresaba así su deseo de dejar de jugar con muñecas y alejarse de la etiqueta Disney. Incluso se atrevió con
algunas versiones, como 'I love Rock & Roll', ante la atónita mirada de mucho niños que por su corta edad no conocían ni la versión que a su vez hizo
Britney Spears del clásico, o una libre interpretación de 'Smell Like Teen Spirits' de Nirvana, en la que la ex Hannah Montana
emuló a Kurt Cobain.
Miley, consciente de que su legión de admiradores llevaba cientos de pancartas y camisetas de su época Disney no dudó en rememorar los
grandes éxitos que la llevaron a la fama.
'Party in the USA', '7 things' o
'Fly on the wall' fueron coreados por el público, y en el tramo final, una combativa y azucarada 'The Climb' llevó a las lágrimas a más de uno.
Pero fue Cyrus, precisamente, quien se llevó la corona a la más melodramática.
Lloró en 'Every rose has its thorn' y se abrazó emocionada a una bailarina en el siguiente tema para después explicar: "estoy llorando porque estoy tan feliz de estar aquí esta noche". A pesar de la emotividad de algunos momentos, el espectáculo, con espléndidos bailarines pero algo sobrecargado de luces, no perdió la festividad ni la energía.
Más de
seis cambios de vestuario, en los que abundó el
negro, el plateado, las botas altas y los corpiños, probaron la voluntad de convertir la gira, que recorrerá latinoamérica, Filipinas y Australia, en un todo un espectáculo. En su mayoría, Miley interpretó temas de su
último álbum 'I can't be tamed', y brilló tanto en baladas, 'Forgiveness and Love', como con las piezas más electrónicas,
'Who owns my heart'. Con esta última canción, y ataviada con un vestido rojo estilo 'manga' japonés, puso punto final a más de hora y media de concierto.
Miley Cyrus no sólo quiso dar un concierto, sino
reivindicar su nueva imagen como cantante lejos de la estética infantil de la serie de Disney Channel, mucho
más madura y sensual, que explota sus dotes como cantante y el buen tipo que le da su juventud, esa que parece que
quiere dejar atrás cuanto antes.