Diferencia entre tumor y quiste

Patricia Garcia Herrero

tumores y quistes

La aparición de un bulto o una inflamación anómala en el cuerpo son motivo de una preocupación exagerada por su relación con los tumores cancerosos. Pero en realidad, estas inflamaciones pueden tener diversas procedencias y consecuencias para la salud.

Normalmente, muchos de estos bultos son clasificados como un quiste y, a veces, como un tumor. A pesar de que este segundo diagnóstico está asociado al cáncer, no todos los tumores provocan esta enfermedad y existen diferencias muy importantes entre los quistes y los tumores malignos y benignos.

Qué es un tumor

Un tumor es un agrandamiento anómalo de los tejidos provocado por una alteración. En un sentido más estricto, esta inflamación viene derivada de un crecimiento inhabitual del número de células. Los tumores pueden ser malignos o benignos, dependiendo de si las células que lo conforman son capaces de invadir otros tejidos y causar una metástasis, como sucede en el primer tipo.

El descubrimiento de un tumor suele asociarse a un caso de cáncer, una relación incorrecta pues no todos los tumores derivan en esta grave enfermedad. Solo los tumores malignos son considerados cancerosos, ya que las células que sufren un desarrollo desproporcionado tienen la capacidad de invadir y dañar los tejidos y los órganos cercanos al tumor.

Por el contrario, los tumores benignos no suelen conllevar un riesgo para la vida. Las células permanecen juntas y el tumor puede extirparse quirúrgicamente. Generalmente, no reaparecen tras la intervención.

Qué es un quiste

Los quistes son sacos o bolsitas llenas de líquido o material semi-sólido que se forman en el organismo, rodeados por una membrana. Aunque algunos tienen un origen embrionario, es frecuente que aparezcan de forma espontánea. Pueden resultar peligrosos si causan daño a los tejidos y órganos cercanos.

Existen diferentes tipos de quistes, los más frecuentes son los sebáceos, benignos y asociados a los folículos pilosos, los quistes ováricos, que pueden ser funcionales o patológicos, y los quistes provocados por parásitos, donde el saco protege a un organismo en desarrollo que puede dar paso a una enfermedad, por ejemplo los quistes hidatídicos.

Los quistes se forman habitualmente por infecciones u obstrucciones de glándulas y pueden desaparecer de forma espontánea, por drenaje o eliminarse con una pequeña intervención quirúrgica, dependiendo del tipo y de dónde esté situado. 

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