¿Una vacuna que incita al sexo?

El virus del papiloma humano (VPH) es una enfermedad de transmisión sexual que afecta a las mujeres y que está mucho más extendida de lo que creemos. El contagio se produce por contacto genital –por lo que el uso del preservativo previene pero no al 100%-, y las consecuencias de la enfermedad pueden ser muy variadas: desde la aparición de pequeñas verrugas hasta el desarrollo de un cáncer de útero.

El virus del papiloma humano es detectable mediante una citología, por lo que además de ser precavida en las relaciones sexuales es importantísimo acudir a las revisiones ginecológicas periódicas.

Afortunadamente, desde hace unos años, contamos con una vacuna contra el virus del papiloma humano que se inyecta en niñas preadolescentes (es importante que la vacunación se realice antes de que las chicas tengan su primera relación sexual) inmunizándolas contra esta enfermedad. Una muy buena noticia, que sin embargo, ha estado siempre rodeada de polémica.

La vacuna del VPH, ¿licencia para el sexo?

La vacuna contra el virus del papiloma humano ha estado en entredicho desde que comenzó su aplicación por diversos motivos: su eficacia, su seguridad y sus contraindicaciones.

Y es que a varios casos de niñas vacunadas que sufrieron complicaciones médicas graves a nivel internacional se suma que parte de la comunidad médica ha llegado a asegurar que esta vacuna provoca en las niñas un despertar temprano a su sexualidad. Estas contraindicaciones han repercutido de manera notable en la tasa de vacunación, siendo muy baja en algunas comunidades autónomas españolas donde las mayoría de chicas quedan expuestas al virus del papiloma humano.

Un trabajo científico publicado en la revista 'Pediatrics' viene a desmentir que el comportamiento sexual de las niñas vacunadas varíe con respecto a las no vacunadas. El estudio se ha basado en el seguimiento a 1.400 chicas de 11 y 12 años, algunas de las cuales fueron inmunizadas contra el VPH y otras no. Tres años después, los investigadores definieron una serie de marcadores en la actividad sexual y concluyeron que no existían disparidades entre las chicas.

"Si la vacunación fuera una 'licencia para el sexo' serían esperables muchos más resultados adversos (en cuanto a pruebas de actividad sexual) tras la inmunización", comentan en la revista médica el jefe del equipo de investigación, Robert Bednarczyk, del Kaiser Permantente Center for Health Research Southeast de Atlanta (EEUU).

Cierto es que, al ser una vacuna reciente, las autoridades sanitarias mantienen aún una especial vigilancia para determinar la eficacia a largo plazo, la duración de la inmunidad y, por tanto, la necesidad o no, de aportar dosis de refuerzo en la edad adulta. Pero este hecho no debe empañar que la vacuna haya superado todos los controles sanitarios necesarios y que su efectividad a corto plazo contra el virus del papiloma humano y, por tanto, contra el cáncer de útero, está más que comprobada. 

Paula Díaz  •  domingo, 15 de septiembre de 2013

DF Temas

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