Sexo tántrico contra la monotonía sexual

La monotonía sexual devora y mina las relaciones que tanto nos han costado conquistar y mantener. Para romper la inercia del cotidiano hay que actuar y los practicantes de la filosofía tántrica proponen contra la monotonía el sexo tántrico. Argumentan que la verdadera razón, o finalidad del coito, no es solo la eyaculación sino el descubrimiento de una nueva etapa de compenetración erótica en la pareja con un sentido eminentemente espiritual.

Sexo tantrico

Para despertar la libido nada mejor que las caricias sin prisa, justo las que no son un preámbulo a la penetración. Acariciar y ser acariciado, incluso en público, combate la ansiedad resultante de unas deterioradas relaciones sexuales, y ayuda a recuperar la confianza y la autoestima.

Las caricias en el sexo tántrico

Precisamente las caricias son el kid de la propuesta de sexo tántrico que le dejo a continuación y que puede espantar la monotonía de su vida. Antes me gustaría aclarar que si está pensado en placer inmediato ni lo sueñe, para la filosofía Tantra una eyaculación mensual es suficiente ya que considera que el semen del hombre contiene mucha energía y no debe ser desperdiciada.

Con mucho empeño y práctica se logrará a lo largo del tiempo tener orgasmos sin la expulsión de semen, lo que se traduce en un placer prolongado y más intenso. Tiene también la ventaja de hacer desaparecer la indiferencia inmediata que experimenta algunos hombres hacia la mujer luego de la relación sexual.

La relación sexual en el sexo tántrico

1. Reserva, de común acuerdo con tu pareja, un fin de semana solo para la pareja. Pueden quedarse en casa, irse de excursión o marcharse a un hotel apartado, pero lo importante es que tengan tranquilidad y un ambiente propicio para intimar.

2. El primer día dediquen al menos quince minutos a estimularse el cuerpo con movimientos circulares, exploren de esa forma el templo del deseo que es el cuerpo humano pero evita las zonas más erógenas como los genitales y el pecho. Repite la sesión treinta minutos luego de 30 minutos de reposo y no lleguen nunca al sexo.

3. Ese mismo día, desnudos sobre la cama, alfombra, pasto o lugar que más les guste, en la postura de la cuchara (él te abraza por detrás) repitan las caricias el tiempo que quieran, o que puedan, sin llegar a la penetración. Esto alimentará el deseo y hará más placentero el coito cuando finalmente llegue.

4. Al día siguiente repitan las sesiones de caricias, pero esta vez adentrándose en las zonas más sensibles como los pechos y genitales.

5. Un rato después, comienza a estimular directamente las zonas erógenas durante una hora aproximadamente.

6. Tras una pausa de unos cinco minutos, comienza con la tradicional postura del jinete, la mujer encima del hombre, con penetración pero sin movimiento y seguidamente puedes realizar el coito tántrico, que consiste en alternar periodos de unos minutos de penetración (se introduce el pene máximo tres centímetros en la vagina) y de descanso.

Es importante entender que al coito se debe llegar sin el menor apremio. ¡Olvidar las prisas! Comenzar por acariciar sitios poco comunes o considerados no erógenos y mantener una respiración conjunta en la que uno exhale cuando el otro inhale, moverse a ritmo pausado y detenerse cuando se sienta que la eyaculación está cerca. Para prolongar su aparición es muy útil la respiración profunda, presionar la lengua contra el paladar en la zona que se une a los dientes delanteros, y si es necesario ejercer presión en la zona perianal del hombre, hasta que el reflejo de eyaculación desaparezca. Una vez superada esta etapa… empezar de nuevo.

Los orientales, diseñadores de esta práctica, aseguran que es la única capaz de completar los nueve niveles de orgasmo que según ellos poseen las mujeres para, en el último, arribar a la llamada pequeña muerte, el desvanecimiento que se alcanza al llegar al clímax máximo.

Según los maestros en estas lides, el hombre occidental solamente estimula a la mujer hasta que ésta alcanza el cuarto nivel, es decir que quedarían aún cinco por recorrer. Consigas o no llegar a la meta tántrica, lo cierto es que por el camino habrás espantado la monotonía, multiplicado tu deseo sexual y de paso habrás ayudado a tu pareja a controlar eyaculación, acto que facilita la prolongación del acto sexual y, el placer mismo.

Rosa Mañas  •  lunes, 7 de octubre de 2013

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