Manual de supervivencia sexual para mujeres

Claves que nos permitan vivir la sexualidad de manera libre

Manual de supervivencia sexual para mujeres

Lunes 12 de junio, 11 de la mañana, Maite Heredia y Fuensanta Pastor, psicólogas y sexólogos en Apoyo Positivo, tienen una cita con una chica para un asesoramiento sexológico. Ante la primera pregunta "Cuéntanos, ¿qué te trae por aquí?", la respuesta, que parece muy meditada por cierto, es la siguiente: "He estado mirando en internet y, según lo que leído, tengo una disfunción sexual. Tengo el síndrome del deseo sexual hipoactivo, que comenzó siendo selectivo pero ahora se ha convertido en generalizado…". 

Esta frase, más propia de un trabaluengas, viene a decir, según nos explican las expertas, que lo que le pasa a esta paciente es que tiene poco deseo… "Esta percepción de la sexualidad como algo no funcional nos lo encontramos muchas veces en nuestras consultas, por eso, muchas veces, usuarias y usuarios vienen ya con autodiagnóstico hecho. Y aquí es cuando nos preguntamos: ¿Deseo sexual hipoactivo? ¿Cuál es el deseo “normal”? ¿Tengo poco deseo comparado con qué? Y, una cuestión más importante si cabe, ¿tengo poco deseo de qué?", añaden. 

Cuando hablamos de una disfunción suponemos que tiene que haber una “función”, una manera de funcionar correcta. Esta función sexual viene definida por un modelo de sexualidad que se nos transmite socialmente  (a través de la educación, medios de comunicación, internet, revistas,…), donde lo que más se valora es la práctica sexual que incluyen los genitales y la penetración. Si esta práctica falla, es cuando la gente empieza a decir que tiene un problema, que tiene una disfunción sexual.

Parémonos a pensar el sentido de este modelo. ¿Es real? Si le diésemos la vuelta y en un tono de broma pensásemos en otras maneras de “fallar” en nuestra sexualidad, ¿nos preocuparíamos las mujeres de si el tamaño de nuestro clítoris le resultará lo suficiente satisfactorio a nuestra pareja? ¿mediríamos con un reloj el tiempo que tardamos en llegar a un orgasmo, preocupándonos de terminar demasiado pronto? ¿hablaríamos de que tenemos un gatillazo si dejamos de estar excitadas en algún momento de la relación?

Romper con este modelo de la patologización se convierte en un auténtico reto, pero escucharnos a nosotras mismas y dejarnos llevar por nuestros deseos, nos puede llevar a vivir una sexualidad mucho más plena y placentera. Os proponemos de la mano de estas dos psicólogas y expertas en sexualidad este manual de supervivencia para mujeres con algunas claves que nos permitan vivirnos y vivir nuestra sexualidad de manera libre y elegida.

Manual de supervivencia sexual para mujeres 

+  Sobre el deseo: Cuando no hay y cuando hay mucho. Nuestro deseo erótico no es algo estático, dentro de una misma persona puede pasar por temporadas de andar todo el día excitadas por la vida y otras de no querer que nos roce nada ni nadie. Es importante conocernos y distinguir nuestros ciclos. Y, por supuesto, si a ti no te apetece y a tu pareja sí, no hay más que hablar. Y si a ti te apetece y a tu pareja no, ¡bienvenida, maravillosa masturbación!

+  Comunicación: No todo el mundo tiene la misma facilidad para comunicar sus preferencias cuando a erótica se refiere. Si te da vergüenza expresar con palabras que te gustaría (más rápido, más lento, más fuerte o menos, más arriba o más hacia la izquierda), puedes comunicarte con tu cuerpo:, cambiando de postura, acercándote o alejándote, moviendo tu cuerpo al ritmo que te apetece, etc.

+ Autoconocimiento: Si muchas veces nosotras mismas no sabemos lo que nos gusta, ¡cómo va a saberlo nuestra pareja! Para saber si nos gusta que la caricia sea en el cuello o en la cara interna del muslo, podemos jugar a explorarnos o guiar a nuestra pareja a que lo haga para ir descubriendo todo nuestro mapa del placer. No somos unos genitales, toda nuestra piel es un universo de posibilidades, así que ¡haz turismo por tu cuerpo!

+ Egoísmo sexual: Es indispensable que si estamos compartiendo un encuentro erótico, disfrutemos juntos, pero nunca olvidarnos de nuestro propio placer. Muchas chicas nos cuentan en consulta cómo una noche ligan con algún chico y su preocupación es que él disfrute, volviendo a casa satisfechas, pero no por haber disfrutado ellas sino porque él lo haya hecho… ¡Error! Cada persona es dueña de su placer y, aunque la meta no debe ser el orgasmo porque podemos perdernos todo un rato maravilloso de placer previo al mismo, corremos el riesgo de convertirnos en “muñecas hinchables” de carne y hueso. Si quedas con alguien para tener relaciones eróticas es para disfrutar, ¿no? Dejemos de hacernos responsables del placer ajeno y centrémonos en el nuestro propio.

+ Distintas prácticas eróticas: Si te apetece probar algo diferente que o, bien has imaginado, leído o visto en alguna película, consulta con tu pareja del momento si le apetece probarlo contigo. Debes saber que su respuesta puede ser negativa y entonces no hay más que hablar. Puede ser que te diga que sí y os echéis unas risas, y esa novedad se incorpore a vuestro repertorio, pero si te juzga por ello, te denigra o menosprecia, esa persona no te merece, ¡next! Y ten en cuenta que una relación con penetración no tiene por qué ser la práctica estrella si no te apetece, tenemos un amplio repertorio de propuestas que nos pueden resultar satisfactorias. El placer, aunque sea algo físico, también tiene un componente importante de subjetividad. Aquello que nos resulta placentero lo es porque nos apetece que lo sea.

Resumiendo, conócete, escúchate y exprésate de aquella manera que te permita estar a gusto contigo misma y explorar todas las facetas de tu sexualidad. 

Maite Heredia y Fuensanta Pastor  •  miércoles, 21 de junio de 2017

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