Qué el dolor de espalda no afecte a tu vida sexual

Marta Valle

Si tuviéramos la iniciativa de realizar un estudio acerca de la importancia del sexo en nuestras vidas, es posible que obtuviéramos un resultado que lo estableciera como una de las mayores preocupaciones de la mujer moderna. Por lo tanto, tener satisfecha tal necesidad resulta indispensable para obtener una vida plena y grata. Sin embargo, son numerosos los problemas que se pueden interponer entre nuestra satisfacción personal y la práctica sexual. Y además no siempre tienen que ver con problemáticas relacionadas con el propio sexo. Es el caso de los dolores de espalda, que pueden derivar en anomalías a la hora de practicarlo.

Consecuencias de los dolores de espalda en la vida sexual

Una parte muy importante de la población femenina sufre dolor de espalda al menos una vez a lo largo de sus vidas. Este tipo de problemáticas, al manifestarse en una zona corporal tan sensible como la espalda, pueden dificultar enormemente la vida sexual de una persona. Si una mujer siente dolor de forma frecuente, es posible que dicho síntoma la aleje inconscientemente de la práctica del sexo. Algo que puede generar, incluso, problemas en el seno de la pareja, especialmente si no existe una comunicación al respecto.

Estas anomalías se suelen dar con mayor impacto en aquellas mujeres que se ven afectadas por dolencias de carácter crónico. Las pacientes de degeneraciones en los discos intervertebrales, hernias discales, artrosis o aquellas que han sufrido una intervención quirúrgica en la zona de la columna vertebral son proclives a sufrir fuertes molestias a lo largo de toda su vida. Aunque son problemáticas que pueden provocar dolores durante el acto sexual, no tienen por qué acabar con su práctica de forma indefinida.

Existen soluciones que se pueden llevar a cabo para evitar las consecuencias sobre el sexo de estas dolencias en la parte posterior de nuestro cuerpo. Podemos tener en cuenta consejos como evitar enmascarar el dolor mediante el uso de analgésicos, aplicar hielo en la zona dolorida después del acto, estirar los músculos de las piernas y de la espalda unos diez minutos antes de comenzar, modificar la postura si nos molesta, practicar pilates para fortalecer la musculatura pélvica y lumbar, darnos una ducha muy caliente para relajar la espalda o acudir a un fisioterapia para intentar mejoras a través de sus técnicas.  

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