La secta de un español en México: poligamia, prostitución y suciedad

La suciedad, uno de los estandartes de la secta mexicana fundada por un español

Ya se conoce el dicho "la fe mueve montañas", es por ello que aprovecharse de las creencias de la gente para enriquecerse nos parece uno de los actos más repugnantes que el ser humano puede cometer. En esta categoría se enmarcan los líderes de sectas, y entre ellos destacamos al español Ignacio González de Arriba, que acaba de ser descubierto por la policía y su engaño ha sido desvelado.

El hombre, de 34 años, fundó una secta en México en la que engañaba a sus seguidores afirmando que había vuelto de la muerte, que atravesaba las paredes, que podía levitar o que tenía más de 2.000 años, entre otras mentiras poco elaboradas. Aseguraba que podía enseñar todas estas habilidades a aquellos que pagasen los 100.000 dólares que pedía por transmitir 343 poderes mentales; ahora bien, como nadie podía pagarlos, se "limitaba" a cobrar 10.000 y esclavizarles de por vida bajo el título de apóstoles, obligados a buscar clientes para las empresas de Ignacio.

Lo curioso de la secta fundada por el español es que entre sus dogmas se decía que la higiene no era necesaria. Escudándose en esta teoría mantenía a sus seguidores encerrados en condiciones insalubres, durmiendo en maderas de un metro cuadrado y con la prohibición de usar el baño (algo que él sí que tenía permitido).

Las sectas y el papel de la mujer

Muchas sectas y cultos religiosos mantienen a la mujer en un segundo plano, pero en el caso de Ignacio González de Arriba la situación es absolutamente deleznable. Los hombres de la secta tenían permitida la poligamia, pero no sólo eso, sino que podían tener concubinas y contratar prostitutas. Al mismo tiempo, si estabas casada al llegar a la secta te convertías automáticamente en la concubina de tu marido, y no en su esposa.

Por otro lado, la "devoción" que estabas obligada a sentir por tu pareja hacía imprescindible que estuvieses presente mientras él mantenía relaciones con sus otras mujeres o con prostitutas. El respeto del asturiano por las mujeres es ninguno, y aun así sigue contando con 24 feligreses que rezan por su libertad (ahora que está en prisión) y anhelan volver a la vida de esclavitud a la que les había sometido.

Milagros López  •  lunes, 11 de marzo de 2013

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