Cómo los hombres miran si les gustas

Napoleón Fernandez

Si las miradas masculinas son el reflejo de su alma podríamos concluir que existen hombres fríos -casi gélidos diría yo-, cálidos, profundo, superficiales, simpáticos, despreciables, amables, odiosos... y de todo tipo. Identificarlas a veces toma su tiempo, hay que detenernos un momento para evaluar su lenguaje corporal y así decodificar las señales que emiten en un hombre en cada gesto.

Hombre mirada

Algunos hombres suelen tener más habilidades que otros para mentir. En algunos ese hábito se vuelve patológico, pero en casi todos, hay gestos que el mentiroso no puede controlar y solo navegan con suerte cuando están frente a una mujer incapaz de entender las señales delatoras.

Verdades y mentiras de las miradas masculinas

El lenguaje corporal, y las miradas, generalmente dicen más que las palabras. Seguramente te has encontrado en esa situación en la que a pesar de los juramentos y promesas, sientes que te mienten o al menos que no te dicen toda la verdad. En esos casos basta ser un poco intuitiva y dejarse llevar por lo que vemos y no por lo que escuchamos. Se dice que las mujeres somos particularmente sensibles y se habla incluso de que estamos dotadas de un sexto sentido para detectar embusteros de todo tipo, pero sobre todo los que atañen a nuestras parejas o a nuestros hijos.

Pero esto es pura especulación feminista, lo cierto es que cuando alguien nos gusta miramos con disimulo y si andamos solas, en plan conquista, no falta cierto halo de coqueta invitación en nuestros ojos.

Los hombres, en cambio, fijan su mirada unos segundos más de lo que lo haría con un amigo o con un individuo que no despertara su interés, bajan el mentón, ladean la cabeza y sus ojos parecen brillar más de lo normal. Siguen con la vista el desplazamiento de la presa y suele suceder que no le pierdan pie ni pisada hasta verificar que están acompañadas o que han sido descubiertos.

Claro que con el tiempo las cosas cambian y si esa atracción inicial cuaja en una relación mucho más íntima, la forma de mirar evoluciona, se hace equitativa en ambos sexos, y de las furtivas y escurridizas pasamos a las excitantes miradas directas a los ojos que suelen durar más de cinco segundos y desatar tormentosos momentos de pasión.