¿Quieres casarte con tu violador?

Anita del Valle

Amina Filali era una 'niña' marroquí de 16 años que un día, como otras tantas menores de su país, fue brutalmente violada. En principio, un caso más entre las seis millones de compatriotas víctimas de violencia física o verbal, la mitad de ellas en el marco conyugal. Pero el infierno de Amina no se limitó a aquel día y a las traumáticas consecuencias de sufrir una experiencia como ésa. Meses más tarde, fue obligada por su familia a casarse con su violador, una práctica increíblemente habitual que castiga de por vida a la víctima y premia al verdugo salvándole de la condena. Amina se suicidó.

Pasito a pasito

"Hoy es un día importante para la humanidad", anuncia con poderío mi amiga Rosa en la hora del cafecito: "Un pasito más en el largo camino hacia la igualdad: el Gobierno marroquí suprimirá una ley que permite a los violadores casarse con sus víctimas para evitar ir a la cárcel". 

Lejos de alegrarnos, Mari Pili y yo nos miramos horrorizadas: "¿¿Es que existía una ley así?? O sea, ¿que encima de que te violan te obligan a casarte con tu agresor? ¡Eso es demencial!", exclama una indignada Mari Pili. "Ya ves, es como decir al violador "bueno, te perdonamos pero ahora te atienes a las consecuencias y te quedas con ella. Así está el mundo...", suspira Rosa.

"¿Y ella? ¿Nadie piensa en ella?" Mari Pili no se da cuenta de que no, nadie piensa en ellas. Marruecos es otro de esos países donde millones de mujeres han tenido la mala suerte de nacer, donde el índice de violencia de género y de matrimonios prematuros forzados es inversamente proporcional a los derechos que les amparan. 

El caso de Amina no es el único. Pero terribles sucesos como el suyo, como el intento de suicidio de una empleada doméstica grabado por un vecino o como la absolución de un diputado condenado a un año de cárcel por violación han hecho que incluso un país machista como Marruecos diga basta y, al menos, dé un pequeño pasito. Porque los grandes logros se consiguen pasito a pasito.