La voz del metro de Londres, una historia de amor

Anita del Valle

Quién no ha repetido alguna vez al unísono ese gran consejo que recibimos en todas y cada una de las paradas del metro: "Al salir, tenga cuidado para no introducir el pie entre coche y andén". Una frase que suena a estupidez pero que no lo puede ser tanto cuando han decidido ponerla una y otra vez -¿Cuántos habrán metido la pata ahí dentro, con lo difícil que es?- El caso es que este peligro no es propio de una capital o país, sino que debe ser más común de lo que imaginamos porque se repite en todas las estaciones subterráneas. Cada una, obviamente, en su idioma y con su propia voz. ¿Mi favorita? La de 'London'. Ahora verás por qué.

"¿Habéis visto lo de la viuda del metro de Londres?", pregunta Mari Pili en la hora del cafecito, ansiosa por escuchar un 'no' para poder contarnos la historia. "No", miento. "Es una historia preciosa -comienza a relatar entusiasmada-. Una pobre mujer lleva años acudiendo al metro de Londres para escuchar la voz de su marido fallecido hace doce años. Resulta que fue él quien en los años sesenta puso la voz al mítico 'Mind the gap' (lo que aquí podríamos traducir como 'Cuidado con el hueco').

El amor hace la unión 

Laurence Oswald -así es como se llamaba el actor que sonaba en la megafonía- falleció en julio de 2001. Desde entonces, su viuda sólo tenía una forma de escuchar al amor de su vida: acudir a la estación de Embankment, la única que se mantuvo firme ante el resto de nuevas tecnologías que apagaron su voz. Pero un mal día esa voz se apagó allí también, y la señora Oswald se quedó sin el sonido que la mantenía realmente viva. 

"La mujer no se rindió y solicitó una copia de la grabación al personal del metro, que tras conocer su historia no sólo le grabó un CD, sino que decidió resucitar aquel 'Cuidado con el hueco' de su marido, de forma que su voz volverá a sonar en cada estación", finaliza Mari Pili.

"¡Qué historia de amor tan bonita!", reconoce sin dudarlo un momento Rosa en una de las pocas ocasiones que las veo ponerse de acuerdo. Y es que es imposible que tengamos una hora del cafecito política, religiosa, cultural e incluso 'rosa' en paz. Pero es hablar de amor y ponernos 'tontas' las tres (y porque no somos diez) por igual.