Rihanna y el peligro de perdonar los malos tratos

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

8 de mayo. La mujer del día es hoy la cantante Rihanna, una mujer que ha sido capaz de perdonar los malos tratos y empezar de nuevo con una pareja agresiva. Si la violencia doméstica no fuese un asunto de vida o muerte no nos importaría nada el tratamiento que ha hecho de este episodio la cantante de Barbados. Pero resulta que son muchas las mujeres que mueren a manos de sus parejas y no podemos dejar de ver con recelo el comportamiento de Rihanna.

Víctima de malos tratos

Ocurrió en el 2009 y desde entonces Rihanna y Chris Brown se han reconciliado, se han perdonado, se han vuelto a amar y se han vuelto a dejar. Una foto de Rihanna con la cara destrozada a golpes dio la vuelta al mundo en las redes sociales y el rapero Chris Brown no pudo negarlo. Había agredido a su pareja y por ello le condenaron y le impusieron una orden de alejamiento.

Mientras tanto, la víctima de esos malos tratos, Rihanna, se debatía entre superar la agresión, olvidarla o perdonarla. Finalmente decidió perdonarla, algo que criticaron por igual fans y medios de comunicación. Que perdones a una ex pareja condenada por agredirte, que seas una víctima mundialmente reconocida de malos tratos y decidas hacer borrón y cuenta nueva con el agresor, no deja de ser sorprendente. ¿Censurable?

Solo los jueces tienen la capacidad de juzgar el comportamiento de las personas. Y fueron unos jueces los que declararon culpable a Chris Brown. En cuanto al comportamiento de Rihanna y su capacidad de perdón, unos la consideran admirable, mientras que a otras nos parece escalofriante. La decisión en estos casos es siempre muy personal, pero cuando se mediatiza la violencia doméstica, te arriesgas al juicio público.

¿Cómo separar la estrella de la persona?. El caso de Rihanna y Chris Brown nos demuestra que la violencia de género no es exclusiva de las familias más pobres y desestructuradas. Los famosos también ejercen y sufren malos tratos, un asunto al que hay que encarar desde la raíz, que no es otra que la desigualdad entre mujeres y hombres.