El Charro Negro: terrorífica leyenda mexicana que habla de ambición

Un aterrador relato que muestra las terribles consecuencias de la avaricia

Azucena Zarzuela

El Charro Negro: leyenda mexicana de terror

¿Has vendido tu alma al diablo o tienes alguna deuda pendiente con él? En Diario Femenino queremos descubrirte la aterradora leyenda del Charro Negro, un personaje que transita por los caminos secundarios y rurales de México en busca de alguien que ocupe su lugar en el infierno. Pero tranquila, si la avaricia y la ambición nunca han sido lo tuyo, tú no serás una de sus víctimas. Sirva esto de aviso para no ser una de sus presas.

Quién es el Charro Negro

La historia del Charro Negro

Cuando la noche se impone y la oscuridad cubre los caminos, las voces del mal acechan a los viandantes solitarios. Y es entonces cuando ni las plegarias ni el paso apresurado pueden esconderte de las garras del Charro Negro si tienes deudas pendientes con el diablo. Éste aparece como una exhalación montado sobre un gran caballo negro con fuego en la mirada para acobardar al espíritu del caminante. El Charro Negro recibe el nombre de su indumentaria, impecable y engalanada con oro y plata para atrapar el brillo de las estrellas de la noche.

Esta leyenda mexicana de terror nos cuenta la historia de un ente que alguna vez fue hombre, pero que por las malas decisiones que tomó en su vida acabó convertido en un títere y al servicio del diablo. Su pecado fue la ambición y su condena padecer los martirios del infierno y ser el cobrador de quienes, como él, acabaron endeudados con Lucifer.

Pero, ¿quién fue el hombre que hoy se oculta tras el espectro? ¿Por qué abandonó el mundo de los vivos para vagar por el de los muertos? Te damos todas las respuestas.

Leyenda mexicana de terror: el Charro Negro y su desafortunada avaricia

Leyenda de terror mexicana

De familia humilde, el Charro andaba los días contando los pesos para poder comprar ropas lujosas. Incluso, se dice que era capaz de no comer para ahorrar alguna moneda con la que poder mejorar su aspecto. Pese al cariño de sus padres, una nube negra se posó sobre su mirada al no poder recibir ningún capricho y matarse a trabajar para seguir siendo pobre con las manos manchadas de tierra.

Tras la muerte de su familia, su miseria cada vez era más notoria. Desesperado decidió hacer un pacto con el diablo. Su gran ambición y avaricia sirvieron para invocarle. Y así fue como el Maligno descubrió en el Charro a una de sus víctimas. El trató se selló: el Charro recibiría más dinero del que podría gastar en varias vidas y el diablo ganaría un alma para el infierno.

Desde entonces, nuestro protagonista vivió a cuerpo de rey. No le faltaron vino, mujeres, ricas ropas… pero la sombra negra pesaba sobre su corazón. Y según iba dejando atrás la juventud, la valentía y la altivez también le abandonaban para dejar espacio a la soledad, que inundaba su pecho sin dejarle apenas respirar. Y es que, cada vez era más consciente de que nadie le quería por lo que era, sino por cuantas riquezas tenía.

El cobro de la deuda estaba cerca. El Charro recordaba aquel pacto como una chiquillada, pero la oscuridad que invadía su corazón cada día era más patente. La valentía se trasformó en cobardía, por lo que mandó a sus criados levantar cruces en sus tierras y construir una capilla. Pero nada servía para evitar las sombras del mal. Por ello, bajo el amparo de la noche con el fin de que nadie le descubriera, el Charro decidió huir de su destino. Con una bolsa repleta de monedas de oro y sobre el mejor de sus caballos emprendió un viaje que no tendría retorno.

Y es que, aunque lo intentara, su destino él ya lo había sellado y no podría huir de él. En el camino se le apareció el diablo, quien le explicó que esperaba a que le llegara la muerte para cobrarse y llevarse su alma, pero como pretendía engañarlo huyendo y faltar a su palabra dada ese sería el momento de cobrarse la deuda. Dicho y hecho. Con huesos descarnados acabó el Charro convertido en un espectro y de camino al infierno.

Sin embargo, entre tanta oscuridad siempre hay un resquicio para la luz. El Charro podría abandonar el infierno en las noches para cobrar las deudas de su dueño, el demonio, con la esperanza de encontrar a un viajero cuya avaricia le llevara a tomar su lugar. Solo así, el Charro Negro podría recuperar la paz y alcanzar su descanso eterno.

Esta popular leyenda mexicana nos recuerda tener cuidado con aquello que ambicionamos y, sobre todo, que el camino fácil y rápido para conseguirlo puede esconder muchas trampas.