La leyenda mexicana de la princesa Donají: el amor por un pueblo

¿Sabes por qué el estado de Oaxaca tiene un lirio silvestre en su escudo?

Azucena Zarzuela

La leyenda mexicana de la princesa Donají

México es una fuente inagotable de riqueza y belleza, un destino al que siempre se debe volver porque siempre tiene algo nuevo que ofrecer. Pero si con algo nos quedamos de sus tierras es con su gente, con su folclore popular. Su historia, la que cuentan sus lugareños, no se limita a meras listas de datos, números y nombres de vencedores y vencidos, sino que en ellas hay alma, romanticismo, misticismo y una maravillosa imaginación onírica.

Seguro que los libros de historia narran muchos acontecimientos en el devenir de los tiempos de las tierras de Oaxaca, pero nuestra constante curiosidad ha querido detenerse en la flor que acoge su escudo: un lirio silvestre. En Diario Femenino queremos descubrirte su origen el cual nació de la mano de una leyenda: la leyenda de la princesa Donají

La leyenda mexicana que revive el pasado del estado de Oaxaca

Oaxaca en México y su historia

Si dejamos que hable la tradición y nos trasladamos a antes de la llegada de los españoles, encontramos una Oaxaca gobernada por dos grupos de indígenas enfrentados: los zapotecos y los mixtecos. Si bien en un principio habían unido sus fuerzas contra un enemigo común, los mexicas, quienes habían tratado de anexionar la tierra a su imperio, ahora la discordia reinaba entre ambos pueblos que tanto habían compartido. El distanciamiento cada vez era mayor y de pequeñas rencillas se acabó llegando a una batalla sangrienta.

Este es el escenario en el que nació la princesa Donají ("alma grande"), hija del líder zapoteca Cocijoeza, soberano de la ciudad de Zaachila y protagonista de esta leyenda mexicana. Y en un mundo violento, su carta astral no podía vaticinar nada bueno. Fue así como el sacerdote Tibbot de Mitla auguró un trágico final para la pequeña: sería sacrificada por amor y por la salvación de su pueblo.

La guerra estaba enconada en la región. La tierra se cobraba la sangre de ambos bandos. Pero un día, en uno de los muchos enfrentamientos, los zapotecas apresaron a un guerrero mixteco y lo llevaron ante el rey. Herido éste, fue curado por la joven princesa Donají, quien descubrió que se trataba del también príncipe Nucano. No solo sanó sus heridas, sino que también le entregó todo su amor.

Ambos se querían, pero también amaban y respetaban a sus respectivos pueblos enfrentados. Por ello, Donají acabó por dejar en libertad a Nucano para que éste volviera a la lucha con los suyos. Y es que la vida está llena de amores imposibles (aquí toca un suspiro largo para las más románticas).

Con el amor en sus corazones, ambos príncipes trabajaron para poner fin a los enfrentamientos y alcanzar la paz. Con tenacidad y paciencia lo consiguieron. Ambos pueblos firmarían la paz. Quizá el monje Tibbot se equivocó al vaticinar el destino de nuestra princesa. ¿Estás en ascuas? Sigue leyendo.

La princesa Donají y el sacrificio por su pueblo

Historias de México: la princesa Donají

Los mixtecos, más recelosos que los zapotecos impusieron una condición a su paz: la princesa Donají debía ser entregada como rehén para garantizar la palabra dada por su rey. Y así se hizo. Pero la joven princesa no quería ser prenda de nadie y aun con Nucano en su corazón antepuso el amor a su pueblo antes que a su propia vida. Así fue como decidió avisar a los guerreros zapotecas de que al anochecer sus carceleros la llevarían al Monte Alban. La emboscada estaba preparada. Bajo las estrellas de la noche los mixtecos fueron sorprendidos y derrotados por las tropas del rey zapoteca. Pero no antes de que a los mixtecos les diera tiempo de vengarse sacrificando a la princesa Donají a orillas del río Atoyac donde fue sepultada sin ser revelado el lugar exacto. Tibbot no se equivocó (¡¡Ohhh!!).

Con el tiempo, fue un pastor quien encontró un hermoso lirio silvestre. Al tratar de arrancarlo desde su raíz para mantener todo su esplendor descubrió que éste nacía de una hermosa cabeza que permanecía intacta, sin degradarse, como si únicamente estuviera durmiendo. Gracias a las ricas decoraciones que presentaba rápidamente se dieron cuenta de que pertenecía a la princesa Donají. Su cuerpo fue trasladado al templo de Cuilapan, donde hoy descansa junto a su amado Nucano, quien acabó gobernando sobre la gente zapoteca sin dejar de amar nunca a la princesa. Con la llegada de los españoles y su catolicismo la princesa Donají fue bautizada como Juana Cortés para sumar más devotos a la religión.

Así es como el lirio del escudo de Oaxaca no es una simple flor. Por el contrario, es todo un símbolo al amor por un pueblo, al sacrificio por defender una tierra heredada que costó sangre y que se cuidó y se luchó con todo el esfuerzo del mundo. Y para que no caiga en el olvido la teatralización de esta bella historia es el broche de oro de la Guelaguetza, la fiesta más importante de Oaxaca. ¡No debes perdértela!

¿Te ha gustado la historia de la princesa Donají? Si te encantan las leyendas mexicanas, en Diario Femenino ¡tenemos muchas más!