Golpe de Estado y golpe a la mujer: Egipto, licencia para violar

Anita del Valle

Violaciones a mujeres de Egipto en golpe de estado

El pueblo egipcio lo ha conseguido. El Ejército ha terminado por derrocar al presidente del país, Mohamed Mursi, tras una revolución que han dejado cerca de 40 muertos y quién sabe cuántos heridos. 

La Plaza Tahrir, epicentro de manifestaciones y conflictos, celebra hoy la 'victoria social' y el comienzo de la transición política, cuyo primer paso será la disolución de la Constitución Nacional, seguida de unas elecciones presidenciales anticipadas. 

Sin embargo, en lo que se supone una lucha por derechos y libertades, se ha olvidado una parte muy importante: las mujeres. Y es que entre protesta y festejo, en esa 'reivindicativa' plaza unas 100 mujeres -que haya salido a la luz- han sido violadas en sólo 4 días.

"¿Cómo es posible? Miles y miles de personas allí concentradas, ¿y nadie hace nada por evitarlo?", clama Mari Pili en la hora del cafecito. "Podría decirse que es el culmen de una práctica habitual en Egipto; según un estudio de la ONU, el 99,3% de las mujeres del país aseguran haber sufrido alguna forma de acoso sexual, ya sean persecuciones, tocamientos, mensajes lascivos o, directamente, violaciones", cuenta Rosa. "El lugar y la situación resultan propicias: multitud de gente y ausencia policial, ya que los agentes no entran en la plaza para que no se malinterprete su posición". 

La estrategia de violación

"Pero es intolerable", insiste Mari Pili, quien ni siquiera había escuchado aún el método para llevar a cabo las agresiones. "Un grupo de más de diez hombres rodea a la chica y la separa de sus acompañantes arrastrándola por el suelo hasta otro lugar. Allí la golpean, la desnudan y la violan. Otros dos grupos de hombres (a veces están compinchados hasta 100) se encargan de que nadie se acerque, y si alguien lo hace, aseguran que son amigos o familiares y que ya están ellos al rescate".

Quizá Egipto haya conseguido un triunfo político, pero no puede existir mayor fracaso social. ¿De verdad es digno de celebrar?