Elena de Borbón: la infanta que debió ser princesa

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

7 de junio. La mujer del día es hoy Elena de Borbón en estos días en los que la Casa Real está en boca de todos por la reciente abdicación del rey Juan Carlos. Las especulaciones son inevitables por más que el heredero esté decidido de antemano. Pero nos fijamos en la primogénita de los reyes de España, la mujer que debió ser princesa, la mujer a la que una ley machista convirtió en infanta.

Elena de Borbón; la infanta espontánea

Es infanta de España y duquesa de Lugo, pero también es la hija mayor de los reyes de España, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, pero ni es princesa ni va a ser la próxima reina de España. Elena de Borbón y Grecia, a pesar de ostentar la primogenitura, no tuvo acceso a ser la heredera al trono desde el momento en que nació su hermano pequeño, Felipe. Así lo decidió una ley machista y retrógrada que pone por delante de la mujer al varón.

Pero a Elena de Borbón parece no preocuparle esa discriminación por razón de sexo en su propia familia, ya que ejerce su papel como miembro de la Casa Real con una gran profesionalidad. Elena de Borbón es una mujer particular que derrocha vitalidad, sonrisas y espontaneidad. Y sin embargo, se toma muy en serio su función de infanta en cada acto institucional al que asiste.

Sin duda, Elena de Borbón es el miembro de la Casa Real que más simpatías despierta. Y es que en todo momento ha intentado ser ella misma. Algunos dicen que es la más Borbón de toda la familia, la que más se parece al rey y la que se toma su cargo con más responsabilidad. Todo ello aderezado con el carisma de una mujer fiel a sí misma a la que le gusta disfrutar y divertirse en los acontecimientos deportivos.

Intuimos en Elena de Borbón una fuerte personalidad en el momento en que se atrevió a dar el paso de separarse de su marido, Jaime de Marichalar. Por aquel entonces, la Casa Real tuvo miedo de la opinión pública y disfrazó la ruptura de "cese temporal de la convivencia" inventando un término que acabaría siendo mítico. Hoy la Casa Real se ha acostumbrado a su propio miedo a la opinión pública, pero se ha dado cuenta de que el divorcio de la infanta Elena no supuso el escándalo que temían.