Cayetana de Alba: la reliquia de la aristocracia

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

14 de septiembre. La mujer del día es hoy Cayetana de Alba. O la duquesa de Alba, esa mujer casi nonagenaria que a pesar de sus achaques de salud sigue poniéndose al mundo por montera y tratando de vivir la vida a tope. Esta mujer que hace y deshace a su antojo es el último vestigio de la nobleza en estado puro. Para bien o para mal.

La duquesa de Alba: la más grande de la nobleza

No sabemos por qué, pero todo el mundo quiere a Cayetana de Alba. Serán las simpatías que despierta la senectud o será su costumbre de hacer lo que le viene en gana. Una actitud que muchos consideran divertidamente escandalosa cuando en realidad es lo menos que puede esperarse de una mujer que posee más títulos nobiliarios que nadie en este mundo. Si ella no hace lo que quiere, ¿quién si no?

Por más que se empeñen en contarnos lo divertida, revolucionaria, independiente, transgresora y liberal que ha sido la duquesa de Alba durante toda su vida, nosotras no nos lo acabamos de creer. Es cierto que en su día desató las iras de los más conservadores cuando se casó con un ex jesuita y además presuntamente de izquierdas. Pero el amor es así de caprichoso; y los aristócratas también.

Los aristócratas de verdad como Cayetana de Alba, que es una mujer que no se inclina ni ante el rey ni ante el papa, gustan de demostrar que también son capaces de salir de su encorsetada vida y fomentar el escándalo y los rumores. Y ellos viven los escándalos y las críticas sin tensión ninguna, que para algo son nobles, oiga. Mayor escándalo que su marido ex jesuita provocó su último marido, Alfonso Díez, que pasó de simple funcionario a dueño y señor del geriátrico más noble.

Y nosotras nos preguntamos dónde está la gracia de esta señora que todos admiran por su coraje para ser ella misma por el mero hecho de disfrutar de sus vacaciones a pesar de su avanzada edad y sus impedimentos físicos. La gracia, pensamos, no está en otro lugar que en su condición de noble adinerada capaz de pagarse un séquito de cuidadores en cada uno de sus palacios.