Amor de padre: nos quieren pero a su manera

 Amor de padre

Se da por sentado el amor incondicional de una madre por sus hijos. Se trata, generalmente de un amor generoso, entregado y protector, ya que una madre es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos. Pero ¿ocurre lo mismo con el amor de padre?. Nos preguntamos por estas diferencias en la demostración de cariño de los progenitores ahora que se acerca la celebración del Día del Padre. Y si el Día de la madre es un día para celebrar por todo lo alto el amor maternal y agradecerles a nuestras madres toda la dedicación hacia nosotras, ¿por qué no hacer lo mismo con el Día del Padre?

A quién quieres más, ¿a papá o a mamá?

Nos preocupan las tensas relaciones que se establecen en algunas familias a causa de la forma que tiene el clásico padre de familia de querer a sus hijos. La madre se erige como la figura familiar conciliadora, orgullosa de sus hijos, protectora y capaz de perdonar cualquier cosa a sus hijos. Las madres tienen más reparos a la hora de jugzar duramente el comportamiento de sus hijos porque parecen verlos desde un prisma distrosionado de amor inmenso.

Por el conrario, la figura del padre se ve como más distante, menos tolerante y que no duda en imponer a sus hijos castigos severos, que si alguien es capaz de suavizar, es la madre. Esta actitud genera ingotables problemas familiares, agrias discusiones y un progresivo alejamiento del padre. Aunque no en todas las familias se da este patrón familiar, la verdad es que es uno de los esquemas más frecuentes.

Pero esto no quiere decir que los padres no quieran a sus hijos, ni siquiera que no sean capacen de quererlos tanto como las madres. Se trata simplemente de una forma diferente de cariño, que los hijos muchas veces no llegamos a entender. Utilizando el castigo, la crítica y la censura, muchos padres están convencidos de que así harán a sus hijos más fuertes y mejor preparados para la vida. Obviamente, este modelo pedagógico es muy cuestionable.

Amor de padre

A pesar de la extraña demostración de amor que tienen algunos padres, ni se nos ocurre pensar que no quieran a sus hijos. Ahora bien, la convivencia puede llegar a ser insostenible si padre e hijos no acercan posturas. Porque un padre puede estar muy convencido de estar haciendo lo correcto para sus hijos, mientras que sus hijos sienten un rechazo paterno por no ser perfectos. Si ambas partes no aclaran sus posiciones, el distanciamiento puede ser inevitable.

Y es que muchas veces los padres ponen en sus hijos la pesada carga de cumplir los sueños que ellos no puedieron realizar, sin pararse a pensar, que cada persona ha de tener sus propios sueños. Los hijos no son una continuación de su padre ni están en el mundo para logar todo aquello que su padre no pudo hacer. Muchas veces, un exceso de exigencia por parte del padre provoca en los hijos una constante sensación de frustración vital.

Por eso es importante entender el comportamiento del otro. Si no podemos hacer entender a nuestro padre que su forma de demostrarnos su amor es tan sutil que se convierte en imperceptible, tendremos que aprender la manera de que no nos afecten sus críticas y sus reproches. Al fin y al cabo, estamos seguras de que en los momentos más difíciles nos responderá con todo su amor.

Laura Sánchez  •  domingo, 17 de marzo de 2013

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