Historia de amor dulce: amor entre algodones

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Las fiestas del pueblo llegaban a su fin y aquella noche estaba la plaza llena de gente. Lugareños y turistas apuraban los últimos momentos de aquella semana de risas, vinos, playa y besos. Nadie sabe cuántas historias de amor surgieron en aquella semana de verano. Pero hubo una especial, una historia de amor entre algodones que esperó hasta el último momento para nacer.

Un amor muy dulce

Marcos llegó aquel último día de fiestas al pueblo. La verdad es que se contrarió un poco, porque había elegido aquel sitio para descansar, relajarse, dar tranquilos paseos por el mar...desconectar. Y el ruido de la gente, de los bares, de la música de la orquesta no le apetecía nada. Aun así salió a dar una vuelta por la noche. Se agobió bastante. Le costaba imaginarse aquel lugar libre de ruido y ambiente festivo.

Caminaba sin rumbo y sin saber a dónde quería llegar. Tal vez se había equivocado de lugar de vacaciones. Si era así, tampoco tenía problema en marcharse a otro sitio. O tal vez al día siguiente vería las cosas de otra manera. Tuvo que pararse. Algo le había impulsado a caminar hacia aquel puesto de algodón de azúcar y quedó allí de pie, hipnotizado viendo cómo los hilos de azúcar iban formando enormes nubes de colores suaves.

Y ese olor. Y esa chica. Marcos conocía a la chica del puesto de algodón de azúcar. La había soñado tantas veces en los últimos meses. Y sus rizos rubios, su tez blanca, sus facciones suaves que había recorrido tantas noches con sus dedos nerviosos, incrédulo por sentir a su lado a una princesa dulce y delicada. Y esos labios de fresa que besaba con necesidad cada vez que la chica aparecía en sus sueños. Y ahora estaba allí delante, fabricando algodón de azúcar.

Amor entre algodón de azúcar

Marcos estaba paralizado. Le costó contestar cuando la chica le preguntó con una sonrisa adorable si quería algo. Claro que quería, pero no se atrevía a pedírselo. Así que se vio con un enorme algodón de azúcar en la mano, sin saber qué hacer con él, sin saber a dónde ir. Luego reunió el valor. No sabe cómo pudo hacerlo pero volvió al puesto de algodón de azúcar y le dijo a la chica que era la princesa de sus sueños.

Se sintió ridículo diciendo aquella estupidez y pensó que había tirado a la basura cualquier mínima opción que pudiera tener. Pero la chica del puesto de algodón de azúcar siguió sonriendo. Esperó a que no hubiera nadie más y susurró al oído de Marcos. Yo también te he soñado. Y así empezó una historia de amor tan increíble como dulce que duró todo el verano.

Una historia de amor que duró todo el verano con Marcos y su princesa de algodón de azúcar recorriendo la costa, parando en cada fiesta, trabajando entre algodones, amándose entre algodones. Al final del verano la chica del puesto de algodón de azúcar se desvaneció y nunca más volvieron a verse. Pero Marcos nunca olvidará el olor dulce de su pelo, ni el tacto de piel suave como el algodón. Y nunca podrá evitar parase frente al puesto de algodón de azúcar.

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