Historia de desamor: el amor que se desgasta

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Él le prometió la luna. Bueno, tal vez no le prometió la luna, pero sí le prometió amor eterno, apoyo incondicional, respeto, espacio, risas, abrazos, besos, para siempre. También le prometió que sería fiel, que la cuidaría, que no iba a dejar que la rutina los separara. Le prometió que la iba a adorar siempre, que vivirían en una eterna historia de amor.

Promesas de amor eterno

Ella simplemente le prometió que le amaría hasta el infinito. Y por lo demás, se creyó sus promesas. Fue una apasionada historia de amor. Al principio. Las mariposas en el estómago dieron paso a un amor cómplice con risas, juegos, sexo, apoyo y comprensión. Todo apuntaba a una pareja feliz y duradera. Y para siempre.

Ella no supo qué pasó. Un día comprendió que ya no le amaba. ¿Cómo pudo ocurrir? No había pasado nada. Él la seguía diciendo "te quiero", la seguía abrazando, la seguía apoyando, la seguía respetando. Incluso la seguía haciendo reír. Así que el fallo debía ser suyo. Tal vez fue aquél hombre del metro. Fue cuando el hombre del metro, con el que coincidía todas las mañanas, que la sonreía todas las mañanas, le puso en la mano un papel minúsculo con un número de teléfono.

Algo se movió dentro de ella cuando el hombre del metro la rozó para darle el papel. Algo se removió, pero no se permitió pensar en todo el día en lo que se había movido, ni en el hombre del metro, ni en el número de teléfono que había guardado en el bolso sin ninguna intención de llamar. ¿Por qué no lo había tirado a la papelera? De camino a casa cogió el papel para tirarlo, pero solo pudo cambiarlo de sitio. Lo metió en el bolsillo del abrigo.

El fin del amor

Iba tocando el papel, o el número de teléfono, o al hombre del metro, con la mano metida en el bolsillo. Sin ninguna intención de llamar pero imaginándose qué pasaría si lo hiciera. Qué tórrida historia de amor viviría, qué apasionados encuentros a escondidas, qué sentidos despertaría en ella aquél hombre del metro. Pero sin ninguna intención de llamar. Entonces llegó a casa y vio que su amor se había apagado.

No podía dejar de sentirse culpable por haber dejado que se gastara aquel amor que prometió para siempre. Qué tipo de mujer malvada era si bastaba la mirada y la sonrisa de un hombre en el metro para destrozar los cimientos de su relación. Qué tipo de mujer era que no había sabido mantener vivo el amor. Ahora estaba sentada en el sofá. Y a su lado había un hombre bueno que la quería, pero que hacía meses que no la miraba con adoración.

Puedes leer más artículos similares a Historia de desamor: el amor que se desgasta, en la categoría de Historias de amor en Diario Femenino.