Historia de amor en el metro: amores imaginarios

Laura Sánchez

Historia de amor en el metro

Marina estaba contenta con haber escogido el turno de tarde en el trabajo porque si no tenía que madrugar rendía mucho más. La verdad es que madrugar la hacía sentirse tremendamente infeliz, así que no dudó en aceptar aquél turno de tarde que nadie quería. El único inconveniente era que la vuelta a casa en metro era un tanto inquietante por la poca gente que había a esas horas. Pero incluso con pocos usuarios, Marina no dudaba en inventar enrevesadas historias de amor que olvidada en cuanto se bajaba del metro.

Enamorarse en el metro

Tenía esa costumbre de ir inventándose la vida de las personas con las que se cruzaba en la calle, en la cola del super o en el metro. Un segundo le bastaba para crear una apasionante historia de amor, una vida triste, un lío entre amigos o...tal vez creando una vida para los demás no tenía que pensar demasiado en la suya.

Una noche cuando volvía a casa, Marina se fijó en su nuevo objetivo. Un hombre super atractivo, que rondaba los 40, con mirada viva y con una líneas de expresión en las comisuras de los labios que delataban una sonrisa habitual. Éste le gustó, le gustó mucho, así que decidió inventar para él una historia de amor, pero en este caso, ella también participaría. Y así empezó su historia de amor con un desconocido en el metro.

Historia de amor en el metro

Se estaba enamorando de aquél hombre a fuerza de coincidir diariamente en el metro. A la ida y a la vuelta también. Se subía dos paradas más tarde que Marina, cuando ya no había asientos libres, así que ella lo observaba y buscaba la manera de acercarse a él, de entablar conversación o incluso de entregarle disimuladamente una carta de amor. No sabía qué tipo de tontería iba a hacer, pero sabía que iba a ser una locura.

El destino se lo puso fácil. Una tarde, Marina lo vio subirse al vagón con dificultad, apoyado en una muleta. No tardó ni un segundo en levantarse y ofrecerle su asiento. Llegar del agradecimiento a la conversación no costó mucho. Él le contó que había tenido un pequeño accidente esquiando y aprovechó para narrarle una divertida anécdota en la que ambos se rieron como si se conocieran de toda la vida.

Así que en el viaje de vuelta, en cuanto sus miradas se encontraron, se sonrieron y se pusieron a hablar otra vez. De esta manera, día a día se fue creando una confianza entre ellos que hizo que él invitara Marina a tomar una copa. Cómo rechazar aquella oportunidad. La invitación era algo improvisado, no había tiempo para arreglarse, no podría lucir espléndida. Pero tal cual, después de una larga jornada de trabajo, Marina estaba igualmente espectacular. Así lo entendía aquél hombre.

La copa dio paso a otra más y luego aquél hombre le hizo una declaración de amor a Marina. Que la observaba cada día en el metro, que se había enamorado de ella desde el primer momento y que se moría por conocerla. Justo se estaban dando un beso apasionado cuando Marina llegó a su parada y tuvo que abandonar su propia historia de amor.