La contaminación ambiental daña la calidad de la leche materna

La contaminación ambiental provoca mayor concentración de tóxicos en la leche materna, que se trasmite a los hijos durante la lactancia y puede provocar una baja concentración de espermatozoides en el esperma de los varones, según el estudio realizado por el Instituto Marquès y el CSIC.

La jefa de Reproducción Asistida del Instituto Marquès, Marisa López-Teijón, ha asegurado que el trabajo "refuerza la hipótesis de que los tóxicos ambientales transmitidos de madre a hijo durante el embarazo y la lactancia pueden ser una de las claves de la infertilidad masculina".

La contaminación ambiental daña la calidad de la leche materna

La contaminación puede producir una baja concentración de espermatozoides


Para realizar el estudio, que se publicará en la Revista Internacional de Andrología, los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han medido las concentraciones de 38 compuestos químicos en 68 muestras de leche materna.

Algunos de los tóxicos analizados poseen propiedades disruptoras endocrinas, es decir, son sustancias químicas que en el organismo humano actúan como hormonas femeninas y pueden provocar bajas concentraciones de espermatozoides en el semen, malformaciones genitales y daño testicular, según el estudio.

La contaminación ambiental daña la calidad de la leche materna

Estas sustancias se acumulan en medios grasos, por lo que la concentración en la leche materna es mayor que en otras zonas del organismo.

Una de las sustancias analizadas son los bifenilos policlorados, un contaminante cuyo uso está prohibido en casi todo el mundo, pero que fue muy utilizado durante el siglo XX en el sector eléctrico y agroquímico y todavía se encuentra en las aguas y sedimentos.

Otro grupo de sustancias analizadas son los pesticidas organoclorados, que se utilizan para eliminar plagas, son persistentes y pueden ser arrastrados a largas distancias por las corrientes atmosféricas, marinas o de agua dulce.

El tercer grupo lo integran los retardantes de llama en plásticos y espumas, cuyo uso se prohibió en los años 80, pero se encuentra ampliamente extendido en el aire, polvo de interiores, sedimentos, peces de agua dulce, huevos de aves y animales marinos.

EFE  •  viernes, 8 de julio de 2011

DF Temas

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