Las arañas navideñas: leyenda de Navidad alemana muy especial

¿Cómo pueden unas arañas acabar convertidas en adornos navideños?

Azucena Zarzuela

Toca ponerse en 'modo navideño'. Pero no queremos caer en lo clásico o popular. No, no vamos a hablaros de belenes, árboles sobredecorados, mercadillos, regalos, fiestas ni encendido de luces que una puede encontrar en cualquier lugar. Toca rebuscar en el folclore, en la tradición oral, para encontrar algún bonito cuento de Navidad con el que triunfar en nuestras reuniones familiares o de amigos y sorprender con originalidad sin desviarnos de la temática navideña. Por ello, nuestras protagonistas hoy serán unas arañas. No unos bichillos cualquiera, sino auténticas arañas navideñas. ¡Atentas que empezamos ya a contaros esta leyenda de Navidad alemana muy muy especial!

La leyenda de las arañas navideñas, auténticos objetos de decoración

Cuentas una leyenda, de origen y raíces alemanas, que hace muchos, muchos, muchos años en un hogar humilde, entre las frías y nevadas montañas, una mujer ya algo gastada por el tiempo y señalada por la pobreza limpiaba su casa hacendosa para prepararla y dejarla lustrosa con el fin de celebrar el día más maravilloso del año y el más esperado por sus pequeños: el día de Navidad. Barrió los suelos, luego los fregó, no sin antes haber quitado cualquier mota de polvo que pudiera haber en los escasos muebles y abrillantado los cristales de las ventanas. Al fin, todo brillaba y estaba a punto en la víspera del día señalado.

La casa lucía orgullosa un árbol navideño que había sido decorado con mucho mimo y esmero. La joven madre decidió esperar sentada junto a la chimenea pacientemente esa noche a que sus hijos bajaran de la habitación, que todos compartían para dormir, para ser sorprendidos por la mañana. Todo parecía en armonía y daba la sensación de que la alegría pronto inundaría el hogar. O ¿no?

Y es que, las arañas que normalmente vivían con la familia en el hogar, con tanto limpia que te limpia habían sido expulsadas de la que también era su casa. Y, por supuesto, no estaban dispuestas a perderse la Navidad. La araña más anciana alzó su voz para poner orden y sugerir que podrían ser testigos de la escena a través de la pequeña rendija que daba al vestíbulo.

Sin embargo, una cosa es intentar poner orden y otra distinta es conseguirlo. Si bien es cierto que todas las arañas consiguieron bajar del ático y esconderse en la pequeña grieta sin hacer ruido. Pero cuando la puerta se abrió estrepitosamente por culpa del aire todas se asustaron y echaran a correr sin orden ni concierto. ¿Adivináis cual fue el nuevo refugio? Efectivamente, el árbol de Navidad. Subían y bajaban por las ramas arrastrando sus pequeños cuerpos hasta creer que quedaban ocultas a la mirada de las personas.

Pero hay un ojo que todo lo ve, y ese es el de Santa Claus. Cuando esté cayó por la chimenea descubrió con sobresalto y pavor el árbol plagado de arañas. Aunque al principio le dio repelús, pronto comprendió que también eran criaturas de Dios y sintió lástima por esos pequeños animalillos. Sin embargo, al ver descansando en una silla junto a la chimenea a la joven pero cansada madre comprendió que a ésta no le gustaría descubrir a las arañas después de todo el esfuerzo que había hecho por dejar la casa limpia.

Así fue como, gracias a la magia, Santa Claus, con tan solo un pequeño golpe contra el tronco, convirtió a nuestros negros animalillos protagonistas en largas tiras de colores brillantes.

Desde que se tiene memoria en Alemania, los más ancianos de las familias narran este entrañable relato de Navidad a los pequeños mientras éstos miran asombrados los colores de las cintas de colores. ¡Ojo! Entre las guirnaldas debe haber una pequeña araña para que los niños consigan encontrarla y mantener viva la tradición. ¿Con qué vais a decorar vosotras este año vuestro árbol?

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