Leyenda de Navidad de Babushka: la anciana que lleva regalos en Rusia

Conoce a través de este relato navideño las tradiciones rusas más especiales para el 25 de diciembre

Azucena Zarzuela

En nuestro recorrido navideño por los diferentes rincones del mundo para descubrir a sus protagonistas más folclóricos y a aquellos que la tradición cuida y mima para que no caigan en el olvido, esta vez nos detenemos en Rusia para encontrarnos con la leyenda de Navidad de Babushka y averiguar quién es esta entrañable anciana de cabellos blancos que deja regalos a los pequeños de los hogares. ¡Mira, mira!

Quién fue Babushka: leyenda navideña rusa

Babushka siempre deseó tener hijos, pero sus deseos no se hicieron realidad. No obstante, siempre vivió rodeada de niños, pues dedicó su vida a la fabricación de muñecas artesanales hechas de madera y decoradas con divertidos y alegres colores. De alguna manera tenía que ganarse el pan. Cada muñeca escondía una sorpresa. Su interior guardaba otra y otra y otra y así hasta encontrar a una muñeca muy pequeña. Sí, lo habéis adivinado, este el origen de las populares matrioshkas, que han traspasado todas las fronteras, y ella es su creadora e inventora.

Una noche de diciembre, cuando el frío y la noche reinaban, nuestra anciana se despertó sobresaltada en su cama. Una intensa luz iluminaba su casa. Desde su ventana podía ver una estrella que convertía la oscuridad de la noche en la luz del día. La extraña visión venía acompañada de un susurro, que la invitaba a seguir su estela para conocer a un especial recién nacido: Jesús. Pero la lógica se impuso a la magia y frotándose los ojos volvió al calor del lecho y se cobijó bajo las mantas, pensando que todo era producto de un sueño.

A la noche siguiente fue sobresaltada con un intenso ruido. En su cabeza sonaban trompetas y arpas y aunque estruendosa era la música que provocaban, también era armónica. Tras abrir los ojos, sobre el quicio de la ventana, observó a un grupo de ángeles alados que la invitan a seguirles para llevarla a Belén y conocer al Niño Jesús que acababa de nacer. De nuevo, la incredulidad venció a la espiritualidad. Y como la nieve no paraba de caer, decidió permanecer en el calor del hogar y volver a acostarse sin pensar demasiado en lo que había pasado.

Y como siempre, no hay dos sin tres. La tercera noche Babushka volvió a despertarse. Esta vez la culpa la tuvo el ruido de los cascos de los caballos de tres individuos vestidos con ricos ropajes. Eran Reyes Magos de Oriente, quienes le insistieron en que les acompañara para adorar al pequeño niño Dios que prendía el amor en los corazones. Por primera vez la anciana dudó. ¿Qué debía hacer? Fuera seguía nevando y finalmente optó por quedarse, una vez más, en la seguridad de su casa.

Tres oportunidades tuvo de agasajar al Niño Jesús y las tres las rechazó. Su conciencia no estaba tranquila y pronto el arrepentimiento se impuso en su vida. Tiempo le faltó para enmendar su error. A la mañana siguiente, recogió algunas de sus muñecas para emprender sola el camino hacia Belén. El viaje no fue fácil, pero la esperanza le daba fuerzas para continuar. Sin embargo, cuando consiguió llegar al célebre pesebre allí ya no encontró a nadie. ¡Había llegado tarde!

Al principio sintió tristeza y ella sola se impuso su penitencia. Decidió que para compensar su desatino en sus decisiones anteriores, todos los 24 de diciembre, iría casa por casa para dejar como presente una de sus muñecas a todos los niños. Desde entonces, en Rusia es tradición que los pequeños reciban en Navidad una matrioshka como regalo con la que así se sigue recordando con cariño, generación tras generación, a Babushka. Esta mítica leyenda de Navidad nos habla de bondad, generosidad, de nuevas oportunidades y de arrepentimiento. ¡No olvidéis incluir en vuestra carta a los Reyes Magos una matrioshka!

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