La mujer que se mató por unas horas para aprender a ser más feliz

Anita del Valle

"Llegas tarde, muy tarde -saluda Rosa a una Mari Pili desbordante de alegría-. Y encima tan contenta. Espero que al menos sea por haberte topado con Hugo Silva y se convierta en el hombre de tu vida". "¡Mucho mejor! -se sienta Mari Pili en la hora del cafecito-. Pensé que había perdido el abono transporte y al final no, no veas que subidón cuando lo encontré."

Morir para volver a nacer

Rosa y yo nos miramos sorprendidas. Para nosotras era difícil de entender su estado de júbilo; al fin y al cabo, no le había pasado nada bueno, más bien todo lo contrario. Se había pegado un disgusto innecesario para luego quedarse igual que estaba en un principio. ¿Por qué eso le ha hecho súper feliz? Entonces me acordé de una noticia que había leído hace unos días a la que no presté más atención que la que se merecía 'otra locura más de chinos': una china de 22 años fingió su propia muerte para a partir de entonces apreciar más la vida. Verídico.

"Tal cual -cuento a mis amigas-. Celebró su funeral con invitados y todo y hasta se acostó en el ataud con su muñeca favorita durante un buen rato". "¡Venga ya! ¿Y por eso va a ser más feliz ahora?", pregunta incrédula Mari Pili. "Pues si tú estás así de eufórica sólo por pensar que habías extraviado el abono transporte, imagínate si lo que recuperas sin esperarlo es la vida". Porque así somos los humanos, tenemos que perder algo para empezar a valorarlo. Si el resultado es el mismo, ¿qué tal si empezamos ya y nos evitamos el daño?