Bonita historia de amor corta para dedicar a mi novio

Una historia romántica en la que el amor puede con todo

Laura DD

Historia de amor corta para tu novio

Cuentan que los amores nunca han sido fáciles. Eso dicen… Que las historias de amor siempre sufren complicaciones. Ninguna es completamente libre del paso del tiempo y la rutina. De la falta de sinceridad, el silencio…

Sin embargo, los detalles marcan la diferencia, pueden marcar el punto de inflexión en una relación. Darse cuenta, hablar, decir lo que se siente… Eso sucedió en la historia de amor corta que vamos a contarte a continuación y que puedes dedicar a tu novio para hacerle darse cuenta de cuánto le quieres.

Historia de amor para dedicar a mi novio

Una vez me contaron una historia de amor sobre cuando una pareja está destinada a estar junta. Cuando la escuché me sentí tan identificada con los sentimientos que describía que hoy he querido dedicártela.

Era una pareja joven, ella más que él, con diferentes formas de pensar y unidos por un mismo sentimiento. Querían estar juntos. Se quisieron durante mucho tiempo. Disfrutaron de días al aire libre con excursiones, fiestas y paseos y días encerrados bajo las sábanas. Se escuchaban, se comprendían… Eran dos enamorados hasta las trancas a los que solo les importaba una cosa: estar unidos.

Las diferencias les hacían complementarios. Tenían claro que se amaban por encima de todo. Sin embargo, el tiempo y la rutina llego a sus vidas y se instaló como un ente silencioso que sabes que está pero no haces caso. Ellos afirmaban que no era malo, que era parte de la evolución de la pareja pero un día, entre la distancia y el día a día, ella recibió una oferta de trabajo para irse un año al extranjero. Lo hablaron y decidieron que cogería el trabajo, se iría, seguirían juntos en la distancia y cuando volviera, todo sería como antes. ¿Qué podría cambiar? Meterían kilómetros de por medio pero al final, todo seguiría igual.

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Fue pasando el tiempo y él se dio cuenta que la vida sin ella estaba vacía. Hablaban, iba a verla, ella venía pero no era el día a día de su sonrisa, sus bromas. Simplemente, sentía la mitad, vivía la mitad. La sensación de que le faltaba el aire era real, no era algo que solo había escuchado en las historias de amor. Pero él nunca llegó a decirle cuantísimo le pasaba por su cabeza, su estómago y su corazón cuando ella no estaba.

Pasó el tiempo. Quizás el año más difícil para los dos y celebrando la vuelta, se sinceraron. Ambos se abrieron por primera en mucho tiempo. Casi la conversación más sincera desde el primer día en el que se declararon amor. Los dos lo habían pasado mal, los dos habían llorado, se habían extrañado y se habían dado cuenta de que esa historia merecía la pena, de que eran el uno al otro el amor de su vida. Pero merecía la pena echándole ganas y esfuerzo. Era momento de avanzar en la relación y de tener claro que “caer en la rutina” no significa no tener detalles o no tener en cuenta a tu pareja. Significa que habéis dejado de miraros el uno al otro para mirar en una dirección común.

No. Esta historia no acaba con boda, ni con hijos. Acaba con una pareja feliz, que discute y se pelea pero que es capaz de superarlo hablando. Habla de de evolucionar y adaptarse a todos los cambios de la vida. Porque esos también son finales felices. 

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