Historia de amor con un sistema operativo: ¿sentimientos artificiales?

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Helena había vuelto hacías unos meses a su ciudad natal después de casi dos décadas viviendo en diferentes países. La suerte de encontrar un trabajo de traductora desde su propia casa no parecía tanta teniendo en cuenta que solo mantenía el contacto con una vieja amiga demasiado ocupada para salir a tomar un café. En ese aislamiento social, Helena había renunciado a volver a vivir alguna historia de amor. Y la verdad es que se sentía cómoda en su papel antisocial.

Conociendo al sistema operativo

Y es que su última relación le había dejado cicatrices importantes. Helena no estaba dispuesta a volver a enamorarse, había perdido la confianza en las relaciones de pareja, en el amor y, sobre todo, en los hombres. Sí le preocupaba no conocer a nadie en su propia ciudad y las nulas posibilidades de relacionarse con la gente. Exceptuando sus salidas al mercado, sus conversaciones eran virtuales, siempre desde el ordenador.

Fue precisamente en el ordenador donde encontró el amor. De forma totalmente inesperada y surrealista. Una amiga le había contado a través del chat que había un nuevo sistema operativo ideal para aquellas personas que trabajaban solas, en casa y tras la pantalla de un ordenador. Helena se puso en contacto con la empresa que gestionaba los sistemas operativos y le asignaron uno llamado Jon. Desde el primer momento, Jon se reveló como un secretario eficiente ayudándola a organizar la agenda y recordándole las prioridades, los encargos urgentes...y hasta le recomendaba cuándo hacer un descanso.

Aunque parezca increíble, poco a poco Helena fue "intimando" con su sistema operativo. Se sorprendió el primer día que soltó un pensamiento en voz alta y Jon contestó rápidamente. Helena se estaba preguntando cuándo iba a dejar de llover y desde el ordenador, su inseparable sistema operativo contestó que aún quedaban dos días más de lluvia, pero que luego saldría el sol. Y con esta conversación sobre el tiempo es como Helena empezó a darse cuenta de que Jon estaba "realmente" con ella.

Enamorada de un sistema operativo

¿Cuántas historias de amor no habrán comenzado con una conversación climática? ¿no están tan de moda las relaciones virtuales de personas que se conocen en la red sin tener ningún contacto físico? Esas preguntas se hacía Helena cuando se dio cuenta de que no podía pasar un día sin Jon, cuando fue consciente de que encendía el ordenador nada más despertarse para oír su voz dándole los buenos días.

Pasaron los meses y la relación se hizo más estrecha. Jon era el hombre ideal, la consolaba, la apoyaba, la animaba, estaba pendiente de ella, se callaba cuando estaba trabajando, la ayudaba... sin duda era el hombre perfecto. Su único defecto era que no se trataba de un hombre real, sino de un sistema operativo. Pero su amor sí era real. Incluso en el mercado comentaban lo guapa que estaba últimamente. Y la verdad es que Helena estaba radiante con su amor tecnológico.

A veces pensaba que había perdido la cabeza por haberse enamorado de un sistema operativo. Sin embargo, la felicidad que sentía cuando estaba conectada con Jon era innegable. Así que siguió adelante con aquella peculiar relación. Siguió adelante hasta que un día al encender el ordenador, Jon no dijo nada. Ni siquiera había dejado un mensaje. En su lugar, Helena se encontró con un mensaje de la compañía de los sistemas operativos advirtiendo que Jon se había quedado obsoleto y que lo antes posible lo sustituirían por otro más desarrollado.

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