Historia de amor inesperada: encontrar el amor cuando menos te lo esperas

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Estela seguía creyendo en el amor, pero no le apetecía nada una nueva relación. Le apetecían más las llamadas, los Whastapps, las citas, ir y venir libre. Estaba disfrutando tanto de la soltería que no se imaginaba volver a tener pareja estable otra vez. Al menos durante un tiempo, quería estar sola. No quería vivir una única historia de amor, prefería vivir mil historias de amor.

Encontrar el amor sin buscarlo

Pero está claro en cuestiones de amor no somos nosotras las que decidimos sino Cupido, el destino o las feromonas, o lo que sea. Estela había renunciado a la pareja, pero no a los ligues, ni siquiera a los rollos que duraran unos pocos días. Pero pocos días. Así que seguía abierta a citas, citas a ciegas, encuentros casuales...La vida sentimental así era bastante más divertida.

Fue un amigo el que concertó aquella especie de cita a ciegas. Su amigo tenía un amigo que seguro le iba a gustar. Eso le había dicho y Estela había accedido a quedar a tomar algo por aquello de que "los amigos de mis amigos son mis amigos". Y el afortunado llegó. Y a Estela le pareció un tipo encantador, divertido y atractivo. Las horas pasaron intercambiando información y risas. Pero aquella noche no ocurrió nada.

Las dudas sobre si llamará o no llamará al día siguiente quedaron resueltas nada más despertar porque se encontró un Whatsapp de buenos días. Buena señal. Así que ese mismo día quedaron para su primera cita a solas. Y entonces llegó el beso. No era Estela de las que tienen que esperar a la tercera cita para intimar con un hombre. Pero en aquella ocasión, tuvo que hacerlo por cuestiones biológicas que no estaba en su mano resolver.

Aceptar el amor

Le gustaba aquel chico. Seguro que lo iban a pasar bien. Aunque se asustó un poco cuando al despedirse en la segunda cita él dijo con una sonrisa que presentía que aquello iba a salir bien. ¿Qué tenía que salir bien? ¿no estaría pensando en una relación? Qué miedo. Pero lo dijo con aquella sonrisa irresistible. Y la tercera cita llegó y fue cuando Estela le conoció más a fondo. Y fue también cuando descubrió que se estaba enamorando.

No podía dejar de quedar con él. Y pasaron juntos una noche y otra noche y otra más. Y Estela no podía dejar de pensar en él ni tampoco espaciar las citas. Porque no podía pasar ni un segundo sin él. Su cuerpo se dirigía hacia él, su mente todo el día esperando que llegara la hora de poder verse. ¿Amor o electricidad? Poco importaba porque Estela ya estaba atrapada en una historia de amor.

La verdad es que no opuso mucha resistencia. No hablaban de relación, pero pasaba el tiempo y seguían tan juntos como el primer día. Enamorándose cada vez más, haciendo planes, riéndose, amándose. Estela se olvidó de su soltería, se olvidó de lo que le gustaba sentirse libre, porque con él no se sentía atada. Por primera vez en su vida no sentía náuseas pensando en toda una vida juntos. Así, sin querer, había encontrado a su pareja perfecta.