Mi historia de amor: una imperfecta historia de amor real

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Conocí a Andy en el bar de abajo. No es que sea un comienzo muy romántico, ni siquiera muy original, pero es real. Tan real y apasionado como esta historia de amor que estoy viviendo y que espero seguir viviendo por mucho tiempo. Coincidíamos todas las tardes en el bar de abajo y me enamoré solo con verle. Y además de enamorarme me obsesioné.

El amor como objetivo

Como soy una mujer esforzada que lucha por lo que quiere me propuse conocer a aquel hombre. Y lo conseguí. No solo conseguí conocerle, sino que además conseguí que se interesara por mí, que se enamorara de mí. Lo que podía haber sido el comienzo de una bonita historia de amor se convirtió en una tortura emocional. Andy estaba casado. Pero yo estaba demasiado enamorada como para que eso fuera un problema.

La gente que me quiere me lo decía alto y claro. No va a dejar a su mujer. No te metas en una relación con un hombre casado. Vas a sufrir. Una cosa era cierta: que yo sufría. Andy no me prometía nada. Nos queríamos con locura y buscábamos cualquier momento para estar juntos. El primer día que me llevó a su casa no había ni rastro de su mujer. Ni fotos, ni detalles femeninos, ni ropa de mujer, nada. No. No se había separado. Es que no eran un matrimonio precisamente convencional.

Su mujer era su amiga. Llevaban muchos años casados, sin apenas verse. Ella viajaba continuamente y tenía otro apartamento. Él podía hacer su vida. Relativamente. Salvo por todas esas vacaciones que disfrutaban juntos, por las comidas familiares y por los eventos con un grupo de amigos fantásticos, interesantísimos y todos muy, muy unidos. Y yo me moría cada vez que él se iba.

Amor a pesar de todo

Salvo por el detalle de su mujer, Andy y yo teníamos una relación más o menos normal. Yo era su novia y él era mi novio casado. Claro que había problemas, pero no podíamos estar separados mucho tiempo. Su piel me necesitaba tanto como yo necesitaba la suya. Y eran nuestros cuerpos los que estaban más decididos a superar cualquier obstáculo. Andy puso todo de su parte. Puso tanto que hizo lo que nunca hace un hombre casado. Se separó. Ya éramos libres para amarnos. Se acabaron los problemas.

Para compensar el esfuerzo de Andy, yo me decidí a vivir con él. A la convivencia él aportaba un perro, una larga experiencia de pareja poco convencional, un espíritu libre e independiente, un carácter bohemio imposible de atrapar y una necesidad de mí. Yo aportaba un gato, poca paciencia en el amor, un carácter controlador, una cierta obsesión por la organización, un espíritu perfeccionista hasta el extremo y una necesidad de él. Y así empezamos a vivir juntos y así nos arriesgamos a perdernos.

En este punto, otra vez esta historia pudo haberse convertido en una idílica historia de amor. Pero no es idílica. Es una historia de amor real, apasionada y pasional; una historia de superación, de dificultades. De juntos pese a todo. De sin ti me muero. Pero así es mi historia de amor, completamente viva.

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