Historia de amor para olvidar: dejar el amor en el pasado

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

¿De verdad había ocurrido? Su novio la había plantado en el altar. Tal y como suena. No podía ser. Esas cosas solo pasan en las películas. En la vida real nadie se atreve a dejar plantada a la novia cinco minutos antes de la ceremonia. Él se atrevió. No estaba preparado, le dijo por teléfono. Lo sentía mucho, pero no podía casarse ahora. Tal vez más adelante. No eso no pasaría jamás. Porque aquella historia de amor se iba derecha al olvido.

Recordando una bonita historia de amor

Ahora era una novia plantada en el altar. La recordarían eternamente por aquél episodio. Cuando todos los invitados se marcharon ella echó a los más allegados que querían quedarse a su lado en esos momentos. Tenía que reflexionar. Le iba a dedicar a su novio, a su ex novio, a su ex futuro marido unos minutos más, a recordar lo que fueron. Solo un momento y luego lo enterraría en el olvido.

Y es que su historia de amor merecía terminar de otra manera. Había sido una bonita historia de amor, desde que se conocieron en aquél aeropuerto hacía ahora siete años y decidieron compartir ilusiones y juntar las ganas de aventura. Aquél viaje había sido fascinante en todos los sentidos. Lanzarse a recorrer Europa y volver con un novio no es algo que ocurra todos los días.

Pero en aquél viaje congeniaron. Se entendieron a la perfección, se complementaron como si se conocieran de toda la vida, se retroalimentaban sus ganas de pasarlo bien, de conocer mundo, de vivir plenamente, de amar. No había ninguna duda. El destino los había puesto en la misma sala de aeropuerto porque estaban hechos el uno para el otro. Y a la vuelta de aquél viaje se habían ido a vivir juntos. Que se precipitaban, decían sus amigos.

Una historia de amor para el olvido

Pero todo había salido bien. La pareja se consolidaba día a día, funcionaban tan bien en la convivencia como en el viaje. Con el paso de los años seguían queriéndose, amándose, respetándose, riéndose. Y seguían viajando y se seguían divirtiendo. Tal vez era el momento de dar un paso más en la relación. Tal vez era el momento de compartir su amor con todos. Una boda.

Y fue idea de él. Él la pidió en matrimonio en uno de sus viajes. Casémonos, le dijo él cuando estaban navegando en un velero en algún punto del Mediterráneo. Y claro que ella aceptó. Fue cuando empezaron los preparativos de la boda cuando él empezó a cambiar. Sería el estrés de la organización o los nervios de la boda, pero empezaron a discutir por tonterías y algo surgió en medio de la pareja: el reproche.

Hasta ese momento había sido una bonita historia de amor. Y ahora la humillaba, la despreciaba. Ahora se mostraba como un cobarde inmaduro y caprichoso. Ahora le iba a olvidar. Relegarle al olvido era la única forma de hacer daño a un egocéntrico como él. Ya no estás, te has ido. Y ya estás olvidado.

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