Historia de amor en un crucero: vacaciones en el mar

Querer sorprender a tu novio con unas vacaciones en un crucero por las islas griegas para reavivar la chispa de la relación, puede provocar el efecto contrario si cuando llegas a casa con los billetes del viaje te encuentras a tu novio en vuestra cama con una de sus compañeras de trabajo. Eso es lo que le ocurrió a Susana, que vio cómo su historia de amor se iba por la borda antes incluso de subir al barco.

Vacaciones en el mar

Pero Susana, que era una mujer práctica, no estaba dispuesta a perderse sus merecidas vacaciones pasándolas en casa llorando a moco tendido y acabando con las existencias de vodka. No más. Si había de pasar el obligado duelo por la ruptura sentimental, sería a bordo de aquél crucero por las islas griegas. Así que se embarcó en su aventura de verano, sola, pero con la sonrisa como carta de presentación.

No se imaginaba Susana que sus primeros momentos a bordo de aquél barco enorme iban a ser tan horribles. Hacer un crucero por las islas griegas había sido su sueño desde que tenía uso de razón y la verdad es que no sabía cómo tomarse aquél malestar nada más zarpar, aquél mareo monumental, aunque lo peor fue cuando empezó a vomitar. Con la cara pálida y los ojos llorosos se fue a la cafetería a tomar una infusión para calmar el estómago.

Su aspecto no debía ser muy bueno, porque mientras se tomaba la manzanilla, un moreno sexy se sentó a su lado y le preguntó si se encontraba bien, si necesitaba ayuda. Susana consiguió sonreírle y se le ocurrió que en esos momentos se encontraba mejor que nunca, ahora que había conseguido vomitar a su ex novio por completo. Con semejante ocurrencia, aquél moreno sexy no se separó de ella en toda la tarde.

Amor en el mar

El moreno sexy, de nombre Alex, no se separó de Susana ni aquella tarde ni en todas las vacaciones. Dos solteros encerrados en un crucero es una oportunidad que no debe desperdiciarse y así lo entendieron Susana, Alex y el resto de los pasajeros y tripulantes de aquél hotel flotante que fueron los espectadores de aquella historia de amor en medio del mar.

Los enamorados algo percibieron de esas maravillosas islas griegas, aunque la mayoría de las vacaciones las pasaron en el mar. Si no era por las propias exigencias del crucero, centrado sobre todo en las actividades a bordo, era por las exigencias típicas de los enamorados. De isla a isla, de camarote a camarote, se fueron descubriendo y se fueron gustando cada vez más.

En aquellas vacaciones en el mar no descubrieron los secretos de las islas griegas, pero descubrieron que el amor se puede encontrar en cualquier parte y que una historia de amor que surge en medio del mar tiene todas las garantías de llegar a buen puerto.

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