Cerebro o corazón, ¿quién manda en el amor?

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No cabe duda que el corazón es un órgano importante de nuestro cuerpo, pero parece que le damos demasiada relevancia en el amor. Expresiones como "mi corazón late por ti" o "me has partido el corazón" contribuyen a creer en esa estrecha relación entre amor y corazón. Pero no siempre ha sido así; los antiguos griegos situaban el centro de las emociones ni más ni menos que en el hígado y, hoy en día, la ciencia nos asegura que el verdadero artífice del amor es el cerebro.

El cerebro que nos enamora

Si alguna te vez te has preguntado por qué te conviertes en una extraña para ti misma cuando te enamoras, por qué estás eufórica, te ves más guapa y notas sensaciones extrañas en tu organismo, como cosquilleos emocionales o las tan mencionadas mariposas en el estómago, hemos encontrado al culpable: el cerebro.

El cerebro decide en un momento dado liberar grandes dosis de sustancias con extraños nombres como serotonina, endorfinas, oxitocina o dopamina, a las que no logramos colocar en ninguna categoría conocida, pero que son las causantes de ese estado transitorio de enajenación mental que se produce cuando nos enamoramos. Aunque la verdad es que se desconoce el motivo desencadenante de esta situación.

El caso es que es el cerebro, y no el corazón, el que decide de quién y cuándo nos enamoramos. Y parece que realiza todo el esfuerzo en esa tarea del enamoramiento inicial, porque una vez hecho esto, el cerebro se toma un merecido descanso y deja todo el asunto en manos del corazón. Es el momento en el que el amor es ciego y vemos a nuestro príncipe de un color azul intenso.

Funciones del corazón y del cerebro

Mientras el cerebro está de vacaciones, es el corazón el que nos hace vivir la mejor etapa del amor. Esa en la que la vida nos sonríe por haber encontrado al hombre de nuestros sueños y ser correspondidas. Es el corazón el que nos hace ver unas interesantes entradas donde luego veremos una calvicie severa, un estilo muy personal en lo que luego será puro desaliño y una personalidad carismática donde luego veremos un carácter difícil.

Ese desajuste entre la realidad y lo que percibimos bajo el influjo del amor es un castigo de la naturaleza por dejar que el corazón se exceda en sus funciones. Una llamada de atención a nuestro organismo para restablecer las funciones de cada órgano, a saber: que el cerebro se ponga en marcha y que el corazón se dedique a bombear la sangre.

Esto explica tanto los amores imposibles como los amores insensatos, además de todas esas equivocaciones convertidas piedras en las que tropezamos una y otra vez. Pero una cosa está clara, y es que nosotras no intervenimos para nada en este proceso de amor y desamor, así que la próxima vez que te veas en la tesitura de si amar con la cabeza o con el corazón, no te resistas y deja que tus órganos tomen posiciones.