Historia de amor de pobres: cuando no tienes nada más que el amor

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Nunca habían sido ricos, pero tampoco se imaginó vivir desde ese lado la pobreza. María se veía metida de lleno en la miseria y no le había dado tiempo a prepararse. Su vida modesta, pero aún dentro de la sociedad, había terminado el día en que su padre se marchó sin dejar rastro, ni nota, con los escasos ahorros de la familia. Su padre se había escapado para vivir una historia de amor y las había dejado a ella, a su madre y a sus dos hermanas sin posibilidades, ni de amor, ni de nada.

Descubrir el amor entre la nada

En pocos meses María vio cómo toda su vida iba desapareciendo y no les quedó más remedio que trasladarse a aquella barriada de casas desvencijadas. Sin servicios, sin luz, sin agua corriente, sin nada. Ahora vivían al margen de la sociedad, ahora entendía el significado de marginal. Y eso no era lo que le habían prometido desde pequeña. Desde pequeña le habían prometido un futuro y ahora no solo se había quedado sin futuro, sino que tampoco tenía presente.

Por alguna extraña razón, era María la única de su familia que parecía encontrar cierta fuerza para afrontar la situación. Así descubrió, entre sinsabores y penalidades, la cara más amable de la necesidad. Así descubrió la solidaridad entre los vecinos de aquella barriada de gente que no tenía nada, nada más que la fuerza necesaria para sobrevivir. Varios de sus vecinos las arroparon desde su llegada, en forma de apoyo, de sonrisas y de consejos para sobrevivir en medio del vacío.

De entre esos vecinos había uno especialmente interesado en que María y su familia se sintieran cómodas. Carlos tenía más o menos la edad de María, los mismos sueños rotos, el mismo futuro oscuro, pero algo más de fuerza, algún lugar en su corazón más preparado para encontrar un poco de ilusión. Y se convirtió en el alma inseparable de María para ayudarla a mantenerse en pie.

La fuerza del amor

Poco a poco María se dio cuenta de que si bien lo había perdido todo estaba ganando otras cosas. Estaba ganando en visión, en una perspectiva más amplia de las cosas o, al menos, diferente. Estaba ganando en fuerza, en resistencia a las dificultades y había desarrollado una nueva capacidad para encontrar soluciones a los problemas más increíbles. Y seguía ganando cosas, porque María había encontrado el amor.

El amor de Carlos era generoso, comprensivo, cómplice. Era un amor que sabía de la importancia de lo material, pero que era capaza de sobrevivir en cualquier circunstancia. Un buen día María se sorprendió pensando en Carlos, en los minutos que faltaban para verlo, en vez de estar pensando en cómo salir de aquel maldito lugar o en si iban a conseguir algo para comer ese día.

Ese día se dio cuenta de que estaba enamorada de Carlos. Y ese fue el día que decidió utilizar toda esa energía que surge del amor para encontrar una salida. La salida tardaría más o menos tiempo en llegar, pero mientras tanto, María descubrió que podía sentir, que podía ilusionarse y que podía sonreír en cualquier situación.