Historia de amor cómplice: enamorarse de la personalidad

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No fue un amor a primera vista. Fue una historia de amor a primera conversación. Raquel se quedó fascinada con aquel hombre inteligente, ingenioso y seguro de sí mismo. Tan seguro de sí mismo que poco o nada le importaba lo que dijeran los demás, porque él seguía sus propios esquemas vitales con la esperanza de lograr sus sueños. Era un soñador educado y carismático.

Enamorados de su forma de ser

David se enamoró de Raquel en la segunda cita. Y si hubo segunda cita fue porque intuyó que aquella mujer tenía una sensibilidad diferente, un corazón enorme y un sentido del humor poco habitual. Imaginó cómo sería tenerla a su lado y reírse cada día con ella, relativizando los problemas cotidianos. Y se dijo que sí, que Raquel era la mujer de su vida.

Cuanto más se conocían más se gustaban y cuanto más se gustaban más se atraían. Pero no se atraían tanto como Raquel necesitaba. David necesitaba mucho espacio y mucho tiempo para dedicarse a lo que más le gustaba, que era perseguir y conseguir sueños. Y la verdad es que no se le daba nada mal, por lo que su grado de satisfacción vital era muy alto. Pero Raquel necesitaba más de David.

Las ausencias de David, absorto en sus quehaceres, convertían a Raquel en una mujer insegura, tan dañada estaba por traiciones pasadas. Raquel no podía confiar. Y sabía que estaba siendo injusta cuando sospechaba horribles escenas de infidelidad y desamor, pero no podía evitarlo. Y sabía que con David gozaba de una independencia cómplice muy difícil de lograr. Pero es que no era eso lo que quería, necesitaba a David a su lado. Más tiempo.

Incompatibilidad de caracteres

David amaba a Raquel con locura, porque era de verdad una mujer increíble. Intentaba comprender su postura en esos momentos en los que perdía la cabeza y le acusaba de que no la atendía, no la prestaba atención, no la quería. Él sabía que otros hombres la habían hecho mucho daño. Y él no quería hacer daño a Raquel, no quería hacer daño a nadie. Pero no podía cambiar su forma de ser.

Raquel amaba a David con locura, porque era de verdad un hombre fascinante. Entonces se dio cuenta que aún no había superado su pasado, que sus desengaños amorosos habían dejado heridas que tendía que curar. Si no lo hacía, nunca iba a poder ser feliz con nadie. Primero tendría que aprender a vivir con ella misma.

Así fue como ambos decidieron poner fin a su relación de pareja, que no a su amor. Porque Raquel y David se siguen queriendo, cada uno haciendo su vida, pero siempre apoyándose el uno al otro. Algo más que amigos, porque saben que su relación no terminó por desamor. Y será el tiempo el que ponga las cosas en su lugar.