Historia de amor equivocado: confundir amistad con amor

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

No entiendo cómo me pude equivocar así, no entiendo cómo pude estar tan ciega, cómo pude ser tan estúpida. No entiendo cómo pude dejarme engañar así. Yo creía que teníamos algo especial, que aquella amistad estaba destinada a convertirse en una verdadera historia de amor. Yo creía, pero él no hizo más que jugar con mis sentimientos. Y ahora se acabó el juego.

Enamorada de mi mejor amigo

No sé cuándo me di cuenta que sentía algo más por él, que no era una simple amistad. Tal vez en aquel viaje que tuvimos que compartir habitación y cama y me costó un mundo controlarme y no abrazarle en medio de la noche. Yo creo que a él también le pasaba lo mismo, yo creo que él también quería algo más. Pero no se atrevía. Como yo tampoco me atrevía a decírselo. Al fin y al cabo para eso tenía a mi mejor amiga, para contarle mis penas. Y ella se reía, porque decía que yo era un desastre por haberme enamorado de mi mejor amigo, por no atreverme a decírselo y, lo peor de todo, por haberme ido a fijar en un tipo disfuncional. Eso me decía mi mejor amiga, que él era demasiado raro como para enamorarme.

Así estuve uno dos años, con un novio amigo. Porque una cosa es que no tuviéramos sexo y otra cosa es que no nos comportáramos como una pareja. Como amigo era muy celoso, posesivo y hasta obsesivo. Pero no me tocaba jamás y yo tampoco me atrevía a acercarme. No quiero ni pensar en todo el tiempo que pasé encerrada en esa tortura emocional. Suerte que me lo pusieron tan fácil para salir de ella.

Decepciones de amor

No sospeché nada de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Tuvo que ser el camarero el que me contó la buena pareja que hacían mis dos mejores amigos. Añadió que yo debía ser buena como celestina. Así me lo soltó como el que no quiere la cosa y sin saber la tormenta que estaba desatando. La decepción no me dejaba pensar. El engaño y la traición me atraparon y estuve días y días sin hablar con nadie. Mucho menos con ellos.

Mi amiga a la que le había confesado mi amor prohibido se había liado con él. Mi amigo el que me consideraba suya y se enfada si salía con otras personas se había liado con ella. Ni siquiera podía atravesar el duelo de la ruptura porque no existía relación como tal. Se acabó el amor, se acabó la amistad. Y sigo sin entenderlo.

Pero he descubierto algunas cosas y he ganado muchas más. He ganado fuerza. He ganado tiempo para mí misma, sin darle explicaciones a nadie. He ganado tranquilidad por no estar sufriendo constantemente un amor imposible. He ganado libertad al no estar sujeta a dos personas que no me querían. Y descubierto que hay otros hombres. Y que muchos merecen la pena.

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