Historia de amor desde la universidad: toda una vida juntos

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Coincidían en varias clases desde primero de carrera. Él lo tuvo claro desde el primer instante en que la vio. Quería que aquella chica fuese el amor de su vida, quería casarse con ella, quería tener hijos con ella. Los siguientes contactos en la facultad después de aquella primera mirada le confirmaron que aquella era su mujer ideal y se preparó para vivir su mejor historia de amor.

Miedo al amor

Ella también lo tenía claro. Era evidente que aquel chico de la facultad estaba loco por ella. Y a ella le gustaba, pero no estaba preparada para el amor. Era muy joven y si nunca antes había tenido una relación seria con ningún chico era porque no había descubierto el amor. Ni ganas que tenía. Quería vivir aventuras, quería estudiar, labrarse un futuro. Quería viajar, ser libre. No estaba interesada en el amor.

Sin embargo, su tenacidad, su perseverancia, su aceptación, la empujaban irremediablemente hacia él. Ella tenía mucho cuidado de no hacerle daño. Estaba claro que no veían el futuro de la misma manera. Ojalá encontraran una forma de acercar sus sueños. Él la convencía poco a poco. Entregarse al amor no significaba perder la libertad, sino estar más cerca de la felicidad. Y ella se preguntó si él no tendría razón.

Poco a poco, sin darse ella, cuenta fueron consolidando su amor. La convivencia no se la plantearon como un paso más en la relación, sino como una cuestión práctica. Compartir piso siempre es la mejor opción cuando el dinero no sobra. Y pasaron los años mientras ella seguía disfrutando de su espacio, comprobando que el amor no era incompatible con la independencia. Porque él caminaba a su lado, despacio, a su ritmo. Ella solo se asustó cuando él la pidió en matrimonio.

Aceptar al amor de tu vida

Ahí frenaron. Ella quiso huir, pero algo más fuerte que sus miedos la retenía en aquella casa. Y sin embargo, la pareja se enfrió. Fue la primera vez que él sintió miedo, creyó perderla, pensó que se había precipitado. Fueron unos meses difíciles y ella se marchó de viaje sola como queriendo poner un punto y final a toda una vida juntos. Pero algo pasó en el viaje. Ella no lo contó jamás.

Ella volvió del viaje y le dijo que sí. Que aceptaba, que quería casarse con él, que quería pasar el resto de su vida con él. Que no se imaginaba siendo feliz sin él. Ella puso todo el empeño en organizar la mejor boda jamás soñada, la boda perfecta para su amor. Él apenas podía creérselo, pero se dejó querer. Se dejó hacer y el resultado fue una boda de ensueño.

Ella quiso celebrar su nueva etapa a lo grande y le hizo a él el mejor regalo del mundo. Cuando volvieron de su luna de miel, se lo contó. Estaban esperando un bebé. Y ya no hay miedos, ya no hay desencuentros. Solo felicidad compartida.

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