Qué buscamos en un hombre a los 20, a los 30, a los 40, a los 60... Niveles de exigencia según la edad

Diego Fernández

El amor nunca pasa de moda

Es difícil explicar y saber por qué nos decantamos por un hombre en concreto a la hora de escoger pareja. Hay mujeres que buscan una cosa, y otras, otra; existen los tópicos de quien busca a alguien que se parezca a su padre o la que busca todo lo contrario a su progenitor. Pero hay algo que está claro: a diferentes edades, diferentes gustos. Así lo demuestra la encuesta "Las edades del hombre", realizada por la web match.com entre las mujeres spañolas.

Hasta los 25 años somos más superficiales, no nos importa su posición en la sociedad, ni su familia, queremos a alguien atractivo, con quien podamos salir en pareja y que encaje bien en nuestro círculo de amigos. A esas edades nos gusta vivir el momento, no pensamos en ir más allá, ni nos planteamos si es la relación adecuada para toda la vida.

Hay mujeres que se dan cuenta de esta circunstancia y llega un momento, pasado ya el cuarto de siglo, que deciden acabar con esa relación que parecía que jamás podía tener fin. Otras, en cambio, no se atreven a dar el paso, ya sea por cariño hacia la otra persona, por vagancia o por pena. Las más afortunadas cuentan con alguien a su lado que progresa y avanza en la vida junto a ellas, siendo en cada etapa de la vida un ejemplo de lo que buscamos, pero ni siquiera esto es garantía de éxito en una pareja.

La estadística no falla

Desde los 25 a los 35 empezamos a darle importancia a otras cosas, si bien seguimos dándole importancia al físico, claro está, pero su vida laboral y sus planes de futuro son parte primordial a la hora de formalizar una relación. Nos gusta que tenga iniciativa y ambición y un plan de vida que pueda encajar con nosotras, que le gusten los niños y que nos aporte estabilidad. El reloj biológico empieza a ponerse en marcha y aunque la fiesta y las relaciones sociales aún no hayan caído en el olvido, quedarse en el sofá con la mantita viendo una peli, limpiar la casa juntos, o pasar el fin de semana en la naturaleza o visitando otra ciudad empieza a no disgustarnos en demasía.

De los 35 a 45 años el atractivo físico empieza a pasar a la historia y buscamos a alguien educado con quien formar una familia, alguien seguro de siímismo, con estabilidad laboral y, a poder ser, una buena posición. Sí aún no hemos sido madres y la otra persona no quiere saber nada de descendencia, ya puede ser muy guapo, e incluso puede ser también que tengamos un romance pasajero, pero a la larga no nos interesa. Es nuestra última oportunidad y si tenemos que buscar a alguien mayor que nosotras para el acometido de tener hijos, no dudaremos en hacerlo.

De los 45 a los 55 años el nivel de exigencia con la otra persona disminuye, nos aterra la soledad y buscamos una cosa en concreto, sentirnos seguras, tener a alguien que nos cuide. Estar sola viendo la tele mientras comemos un helado y acariciamos a nuestro lindo gatito no es un mal plan, pero termina cansando.

A más edad, más exigencia

Sin embargo a partir de los 55 parece que damos un cambio radical y de no exigir tanto a nuestra pareja pasamos a exigirlo todo, la paciencia, aunque parezca lo contrario, disminuye con los años y nos cansamos pronto de cosas que en la juventud pasamos por alto. Si no nos gusta que no tire de la cisterna, fuera, si no nos gusta como nos complace sexualmente, adiós, y si las discusiones son el pan nuestro de cada día, necesitamos un cambio. No estamos en una edad como para perder el tiempo con alguien que nos moleste y que no nos llene al 100%.

En definitiva, en todos los tramos de edad necesitamos a alguien a nuestro lado con sentido del humor, que nos haga reír y que no nos haga llorar, alguien que nos trate bien y nos dé cariño, con quien podamos compartir, que nos comprenda y nos acepte como somos.