Carta de amor dramática: cuando la intensidad del amor duele tanto

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

El drama se inventó en la antigua Grecia con el objetivo de hacer patente el carácter inevitable de ciertos acontecimientos en nuestras vidas. Episodios sobre los que no tenemos fuerza, que nos sobrevienen independientemente de lo que queremos o de lo que nos conviene. Y eso también nos suena a amor.

Y aunque el drama parece tener en la actualidad connotaciones muy negativas, nosotras nos tomamos los amores dramáticos en base a su concepto original, que bien puede ser una tragedia, como una comedia o, más frecuentemente, una tragicomedia. Porque pocos son los amores intensos que no han pasado un periodo cómico, otro trágico y, finalmente, han terminado en una tragicomedia de la que podemos extraer lo positivo y lo negativo.

Para que nos hagamos una idea de lo que significa de verdad un amor dramático, podemos pensar en todas esas canciones folklóricas, en esas coplas que cantaba la más grande, la Jurado, en donde cualquier sentimiento dejaba de ser mundano y cotidiano para pasar a ser desgarrador. Y como nos encanta escribir cartas de amor, en nuestro catálogo de cartas no podía falta esta carta de amor dramática.

Ejemplo de carta de amor dramática

Hola, mi vida:

Porque tú eres mi vida, o quien le da sentido, que viene a ser lo mismo; porque vivo por ti, porque me muero sin ti o porque no consigo vivir si no es contigo; por eso te escribo esta carta, porque necesito decirte que te quiero tanto como quererte. Y necesito tenerte cerca tanto como respirar.

Recuerdo cada día aquellos tiempos felices en los que tu abrazo me daba seguridad, en los que tus besos me daban confianza y en los que tus caricias me daban la vida. Aquellos tiempos en los que tus gestos me decían que me querías, que no pensabas marcharte nunca y que siempre, siempre, compartiríamos esta felicidad.

Pero aquellos gestos eran mentira, los besos, las caricias, los susurros y hasta los abrazos eran mentira. Y no me di cuenta hasta que ya era tarde, hasta que ya habías empezado a mentir a otra y a mi solo me dejabas ver la realidad: que eres incapaz de amar. Y la verdad es que prefería vivir en la ilusión; aunque fuera mentira.

Ahora que sé la verdad, ahora que sé que nunca me has amado, que nunca me amarás porque solo puedes amarte a ti mismo, resulta que nada ha cambiado. Que me sigo muriendo por ti, que sigo esperándote cada día, que te necesito como siempre y que te amo aún más.

Porque te amo sin remedio.