Helena de Troya y Paris: la historia de amor que provocó una guerra

Hay algunas parejas que nunca pasan de moda

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Hay parejas que nunca pasan de moda. Hay historias de amor tan intensas que perviven para siempre. Es el caso de Paris y Helena de Troya, dos personajes que pudieron ser leyenda o pudieron ser verdad, pero cuyo amor trascendió épocas hasta perpetuarse como el símbolo del amor predestinado. Juntos a pesar de todo, juntos cueste lo que cueste, aunque lo que cueste sea una guerra. Esta es la historia de amor que provocó la guerra de Troya.

Obligados a amarse por mandato divino

Aunque se la conoce como Helena de Troya, resulta que Helena no era de Troya, sino de Esparta. Y resulta que era la mujer más bella del mundo. Era Paris un príncipe que procedía de Troya y al que la diosa del amor, Afrodita, le había prometido a la mujer más bella del mundo. Así que el amor entre Paris y Helena estaba decidido por los dioses, estaba predestinado.

Un buen día estaba Helena en su palacio de Esparta junto a su marido y apareció por allí el príncipe troyano Paris. Como era costumbre por las leyes de hospitalidad en la Grecia antigua, le dieron alojamiento y le agasajaron con banquetes, regalos y buena conversación. Y Paris no podía apartar la mirada de la hermosa Helena y Helena no podía dejar de mirar a aquel joven príncipe que por fuerza tenía que ser el famoso Príncipe Azul.

Así que Paris y Helena se volvieron locos de amor. Helena se fugó con Paris y juntos se fueron a Troya. Aunque luego muchos dijeron que el príncipe troyano la había raptado. Los griegos no pudieron soportar la afrenta del troyano o la vergüenza de la espartana. El caso es que se juntaron todos los reinos griegos para atacar la ciudadela de Troya. Y así es como empezó la guerra más famosa de todos los tiempos: la guerra de Troya.

La historia de amor que acabó en guerra

Poco les duró la felicidad a la pareja enamorada. En cuanto las tropas griegas desembarcaron en las playas troyanas, la felicidad conyugal se convirtió en un infierno de culpabilidades y reproches. El pueblo de Troya estaba rendido a los encantos de Helena y no estaba dispuesto a devolvérsela a los griegos. Al menos al principio. Pero cuando los años pasaron y la guerra continuaba empezaron a ver a la hermosa Helena como la causante de sus desgracias.

Y Helena se consumía por la culpa y Paris por la impotencia de no poder poner fin a la guerra. Tan solo tenían escasos momentos a solas para amarse y olvidarse de la cruda realidad. Porque en la intimidad de su alcoba seguían siendo dos enamorados que estaban dispuestos a todo por estar juntos. Así lo habían dispuesto los dioses. Sin embargo, el apoyo divino no les duró para siempre.

Esta historia de amor solo podía tener un final y es un final triste. Cuando los griegos idearon el famoso caballo de Troya que arrasó la ciudad y puso fin a la guerra, Paris fue brutalmente asesinado, mientras a Helena la conducían, desolada, pero digna, al encuentro con su marido. Helena pasó el resto de sus días junto a su marido en Esparta, pero dicen que pasaba las noches derramando lágrimas por Paris, el que fue el único amor de su vida.

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