Historia de amor bonita: cuando el amor no termina

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Lucía sabía por experiencia que las historias de amor reales no incluían los ingredientes que veía en las películas, ni siquiera los consejos de las revistas femeninas eran válidos frente a los hombres que tenía a su alrededor. No había historias de amor con flores, ni velas ni cenas románticas. Mucho menos con atardeceres en el mar pasados a besos. Pero ella seguía queriendo vivir una historia de amor bonita.

Esperando al hombre perfecto

Es cierto que Lucía creía en el amor, solo que su idea del amor no era viable en ese lugar. Sin embargo, no estaba dispuesta a esperar de brazos cruzados a que el hombre perfecto apareciera en su casa a lomos de un caballo blanco. Así que no tenía problema en conocer a fondo a los hombres que tenía a su alcance.

Sabía que no iba a quedarse con ninguno de ellos, sabía que no iba a vivir una verdadera historia de amor con ninguno de ellos, porque tenía bien claro lo que quería. Quería un hombre especial; se enamoraría de aquél hombre que no diera por supuesto que para una cita basta con quedar a tomar unas cervezas. Se enamoraría de aquél hombre que la besara al atardecer junto al mar.

Y una noche conoció a Fran. Al principio todo iba según lo establecido, lo conoció en un bar y siguieron conociéndose y jugando de bar en bar toda la noche. El final de la noche fue tan corriente como cualquier otra noche. Se habían gustado, así que él le pidió el teléfono para quedar otro día, seguramente en algún bar. Nada hacía sospechar que Fran fuera diferente.

Empezar una historia de amor bonita

Pero Fran era diferente. Tan diferente que notó al instante que estaba ante una mujer especial. Así que se esforzó por sorprenderla. La sorprendió con el primer Whatsapp de la mañana donde simplemente le daba los buenos días y le deseaba que pasara un día estupendo. Lucía se sorprendió y se volvió a sorprender cuando a media mañana él le preguntó si tenía planes. Ella le contestó que no y más tarde volvería a sorprenderse.

Porque Fran no quiso quedar con ella en ningún bar, quiso pasar a recogerla en su coche y llevarla a un lugar especial. El mar no estaba tan cerca, pero estaba dispuesto a darle a esa mujer que acababa de conocer su mejor cita. La llevó al mar, pasearon por la playa, se rieron, se acercaron, se dieron la mano y, justo antes de que anocheciera, se besaron.

Lucía se había prometido enamorarse del primer hombre que la llevara al mar en su primera cita. No le costó cumplir su promesa, porque acababa de conocer a un hombre especial. Tal vez era el momento de vivir su historia de amor de película. Una historia de amor que no había hecho más que empezar.

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