Historia de amor real: un amor que parecía amistad

Laura Sánchez
Laura Sánchez Especialista en interpretación de sueños

El curso de repostería duraba un mes completo. Pablo se había apuntado para impresionar a su novia, que parecía un tanto aburrida con la relación, para sorprenderla con algo diferente y recuperar así la chispa en la pareja. Eso es lo que se le había ocurrido. Susana se había apuntado para llenar su soledad en las tardes y, tal vez, conocer gente nueva. Y así se conocieron Susana y Pablo; y así empezó esta historia de amor real.

Amor o amistad

La verdad es que ambos conectaron al instante. Se hubiera dicho que había sido un flechazo de no ser por el objetivo que Pablo se había fijado, que no era otro que reconquistar a su novia, esta vez por el estómago, como dicen que hacían las abuelas. Un objetivo que no escondió en ningún momento, por lo que esa sensación de flechazo de Susana desapareció por no estar dispuesta a meterse en una historia de amor con un hombre ocupado.

Como la conexión entre ellos era más que evidente, llegaron a la conclusión de que el destino les había unido como amigos y confidentes. Y así empezaron su relación de amistad, guiados por el instinto de saber que eran perfectos el uno para el otro. Aprendían repostería en el curso, pero también aprendían a reírse juntos de sus errores, de los culinarios y de los otros también. La verdad es que se pasaban el día esperando que llegara la hora del curso.

El fin de semana el curso hacía un parón con el objetivo de que los alumnos practicaran en su casa lo que habían aprendido. Fue el lunes cuando las cosas empezaron a cambiar. Susana supo que algo había ocurrido cuando vio a Pablo llegar sin haberse puesto su sonrisa y con la mirada huidiza. Él le contó que en mitad de la cena sorpresa que estaba preparado el viernes para su novia, ésta le soltó la bomba: no necesitaba pasteles, ni cenas, ni siquiera atenciones. Porque no estaba aburrida de la relación, estaba aburrida de él.

Cómo se reconoce una historia de amor

También le contó Pablo a Susana que esa declaración de desamor le rompió el corazón, pero no tanto como para olvidarse de los cupcakes que tenía en el horno. Así que se ocupó de ellos, preparó la mesa y, mientras cenaban, ataron los cabos sueltos. Cuando terminó la cena, Pablo recogió sus cosas y se marchó a casa de un amigo donde pasó todo el fin de semana llorando sin saber qué hacer.

Era muy consciente de su ruptura, más que nada por el dolor y la pena que sentía, pero había algo que le sorprendía. Y es que no lo veía como un final, sino como el inicio de una nueva vida. Para su sorpresa, Susana le comentó que si estaba buscando casa compartida ella era la opción. Y más sorprendido se quedó cuando se oyó a si mismo aceptar su propuesta.

Que no se lanzaron el uno a los brazos del otros el día que Pablo se mudó es más que evidente. Tan evidente como que Susana no se planteaba tener una historia de amor con su nuevo compañero de piso. Las heridas aún estaban abiertas. Sería pasados unos meses, por esos avatares de la convivencia, mientras horneaban galletas para merendar, cuando ambos se fueron acercando, rozándose, hasta juntarse para no separarse más.

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