Historia de amor ciego: lo que el amor no deja ver

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Yo por aquél entonces no lo veía. Solo podía ver cuánto me querías, cuánto, incluso, me adorabas, cuánto me necesitabas, si acaso. Yo por aquél entonces veía claramente que éramos tan felices, que nos reíamos tanto, que nos amábamos tanto. Yo por aquél entonces veía lo que con toda seguridad era la mejor historia de amor.

Amor por interés

Y es que te quería tanto que estaba más dispuesta que nunca a hacerte feliz, a cumplir tus sueños, a dejarte ser, en libertad, lo que tú más querías ser. Tus sueños de artista eran mis proyectos de mecenazgo, aunque tuviera que trabajar horas extra, aunque no tuviera tiempo ni para descansar, con tal de sufragar tus sueños.

Tú querías pintar y yo quería que pintaras. Un acuerdo sencillo que me llevó a mí a trabajar sin descanso y que te llevó a ti a pintar, a buscar, a vivir, a soñar y a volver a pintar. Éramos la pareja perfecta, así lo veía yo entonces, contigo aportando el toque artístico y conmigo ocupándome de la intendencia, de las facturas, de la comida, de la casa, de nosotros.

Los demás lo veían de otra manera, pero es que los demás no entendían nuestra relación. No podían ver cómo me adorabas, cómo me mimabas, cómo me llevabas a mundos mágicos. Tú eras mi artista, pero yo era tu princesa. Y eso los demás no podían verlo. Yo sí lo veía.

Abriendo los ojos

No sé en qué momento empecé a ver las cosas de otra manera, empecé a ver las cosas como los demás. No sé en qué momento empecé a ver las cosas. Creo que fue cuando las caricias se hicieron menos contundentes, cuando tu mano apretaba con menos fuerza la mía, cuando tus labios me buscaban cada vez con menos frecuencia.

Supongo que fue entonces cuando el velo de los ojos cayó y empecé a ver otras cosas, como esos viajes que hacías para inspirarte y de los que luego no contabas una palabra, como esas llamadas de teléfono que no contestabas, como esos regalos que pagaba mi tarjeta y que nunca me llegaban.

Y no me gustó lo que vi. Vi que seguramente no me querías tanto, que solo me estabas utilizando, que no era yo ni tu única princesa, ni siquiera tu única musa, pero si la única mecenas. Vi que no me habías respetado nunca, que no me valorabas, que para ti solo era un medio de vida. No me gustó lo que vi, así que cerré los ojos para no verlo más.

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