Historia de amor de dioses: Afrodita y Ares

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Dicen que el amor fue un invento de Afrodita o, que al menos, si no lo inventó, sí se ocupaba de gestionarlo, de ponerle el final feliz a una historia de amor, o el triste, o amenizar una relación con un toque de pasión, o de celos. En cualquier caso, no podemos obviar, que la propia Afrodita tuvo su apasionada y escandalosa historia de amor, una historia de amor divina.

Una historia de amor y guerra

Afrodita, la diosa del amor, la distribuidora oficial de pasión en el mundo, la más bella de las diosas, estaba casada con el dios herrero, Hefesto, el único dios deforme, feo, defectuoso, incapaz de suscitar ningún deseo ni siquiera en la diosa del amor. Se trataba de un matrimonio de conveniencia, así que Afrodita, en vista de que su marido no era muy apropiado para los asuntos de cama, ejercía, como casi todos los dioses griegos, una promiscuidad pública y notoria.

A nadie le importaban los amantes, mortales o no, de Afrodita, y es que los escarceos sexuales estaban bien vistos entre los dioses. Lo que no estaba tan bien visto era tener un amante oficial, ni mucho menos amar a otro que no fuera tu marido. Y eso era precisamente lo que le ocurría a Afrodita, que estaba locamente enamorada del dios de la guerra, el fornido y valiente Ares y con él mantenía un relación en secreto; una infidelidad en toda regla.

Ares no era un amante más de la diosa del amor, era su verdadero amor. Dos fuerzas, pasión y guerra, que estarán irremediablemente unidas para siempre, por mucho que quieran separarlas. Porque no se puede obviar el factor violento, el arrebato de deseo de los amantes más pasionales. Así, Afrodita y Ares eran la pareja perfecta, pero aquello era una historia de amor imposible, era un amor prohibido.

Escándalo de amor entre dioses

El marido de Afrodita llevaba tiempo sospechando que su mujer tenía algo más que amantes ocasionales, pero no estuvo seguro hasta que el Sol, que ve todo lo que ocurre durante el día, se lo confirmó. El chismoso Sol le contó que Afrodita y Ares, se dedicaban al amor cada día en su propia casa, en cuanto el marido salía por la puerta.

Hefesto no quería consentir esa infidelidad y decidió poner a los amantes una trampa. Creó una red metálica invisible en torno a la cama y, al día siguiente, cuando Afrodita y Ares se lanzaban a la pasión, se quedaron atrapados en la red. Allí estaban el amor y la guerra, en plena unión, siendo observados por los demás dioses sin poder escapar. El escándalo en el Olimpo fue de los que hacen historia.

Sin embargo, todos los dioses comprendieron que ni el amor ni la guerra son controlables, que la fuerza del deseo es imparable y que no hay leyes que puedan regir los sentimientos. Y así, la historia de amor escandaloso de estos dos dioses pudo continuar y continuará hasta el fin de los tiempos. 

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