Historia de amor para reflexionar: reponerse de un amor tóxico

Laura Sánchez
Laura Sánchez Periodista

Sabía que tenía que pararme a reflexionar, sabía que tenía que hacerlo sola, que no me podía volver a enamorar, de momento. Hasta que limpiara mi interior de tanto veneno, de tantas emociones tóxicas. No, no volvería a tener una historia de amor hasta que lograra confiar en mí misma, hasta que fuera tan fuerte que ningún hombre pudiera volver a hacerme daño.

Recordando el pasado

Así que me puse a pensar cómo había empezado mi historia de amor con ese hombre equivocado. Recordé los primeros momentos, cuando su forma de amar era limpia, prometedora, cuando me ilusionaba, cuando veía con optimismo un futuro junto a él. Cuando pensaba que sus manías eran atractivas, cuando me sentía viva aceptando su actitud rebelde y desafiante.

Esos primeros momentos en los que todo era mágico, apasionado, interesante. En los que me movía por las ganas de vivir una aventura excitante con un hombre diferente. Bien es cierto que nunca se presentó como un príncipe azul, pero sí como un caballero andante que aparecía para rescatarme de mi vida gris. Lo decidió él, que mi vida era gris, que yo ni siquiera me había dado cuenta.

Duró poco la magia. En cuanto vio que me tenía en sus manos, que me había entregado por completo, que estaba dispuesta a renovar mi vida según sus esquemas, que ya me creía que mi vida sin él era gris. Fue entonces cuando empezó a mostrar su peor cara, pero lo hizo de forma muy sutil. Tan sutil que apenas me di cuenta que me estaba haciendo desaparecer.

Reflexiones sobre el amor tóxico

No quise darme cuenta porque me daba miedo la soledad, porque mi vida era tan gris que solo un hombre como él podría quererme. No tenía otra alternativa, en ese momento en el que ni yo misma era incapaz de quererme. Me dejé convencer, le necesitaba y sin él estaba perdida. El aleccionamiento fue perfecto.

Mis ganas de complacer al hombre que amaba facilitaron el trabajo. Pero esas ganas de complacer dieron paso al temor, al miedo, por hacer algo que molestara. Y era muy habitual. Le molestaba y me castigaba retirándome su supuesto amor incondicional, hasta que creía que había aprendido la lección.

Y podía haber seguido anulándome, yo me estaba dejando, pero cometió un error. Consiguió alejarme de los míos, consiguió aislarme y recluirme en un mundo exclusivo de los dos. Pero no contó con la persistencia de mi familia, de mis amigas. No contó con que ellos harían todo lo posible por recuperarme y sacarme de su mundo. Ellos me liberaron, pero ahora me toca reflexionar.