Desde hace meses la crisis económica se ha convertido en un tema recurrente en los medios de comunicación del mundo. No falta un telediario, periódico o diario digital que no incluya en sus titulares el asunto. Este constante bombardeo de informaciones, apocalípticas en ocasiones, esparce sensaciones de temor y zozobra sobre las personas y particularmente sobre las mujeres.
No es que las féminas se preocupen más que los hombres por la crisis económica, sino que una de las consecuencias de los cambios de rol de las mujeres en los modelos de familia contemporánea, donde no solo nos corresponden los ámbitos educativos y domésticos tradicionales, sino también el económico, nos colocan, no ya en la retaguardia del combate, sino entre los
fusileros de primera línea.
Durante mucho tiempo el hogar, su organización y funcionalidad, fue el espacio natural de las mujeres pero en la actualidad crece aritméticamente la cantidad de féminas que son
jefas de familia y para ellas ya no se trata sólo de cocinar, por ejemplo, sino también de procurar el alimento.
El tema de la crisis no nos llega por la tristeza reflejada en el rostro del marido, padre o hermano, sino que representa la necesidad de solicitar nuevos créditos, de alargar el plazo en el que pagar el préstamo hipotecario, de falta de liquidez para asumir los gastos cotidianos de educación, salud y alimentación de los hijos, de pérdidas en la empresa, de cuentas en números rojos...o de desempleo.
Esta situación genera incertidumbre, una de las sensaciones más difíciles de manejar pues desencadena un torrente de
dudas, inseguridades, miedos y obsesiones que conducen a la aparición de síntomas como el insomnio, desórdenes alimentarios, irritabilidad y somatizaciones que repercuten directamente en la salud física de las personas. Por el camino que nos traza la inseguridad llegamos a cuadros de estrés, ansiedad y depresión que comprometen el bienestar psicológico individual y también de la familia por lo que es bueno incorporar actitudes que nos ayuden a sobrellevar la crisis.
Actitudes positivas para enfrentar la crisis
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Sé realista y optimista acerca del futuro. No se trata de construir castillos en el aire, sino de desarrollar una capacidad de análisis del entorno basado en el realismo positivo sin caer en el dramatismo.
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No te autoflageles, lamentes ni busques culpables. Estos pensamientos sólo profundizan el malestar, la desconfianza y la preocupación. Algo diferente sucederá si consigues un clima de control sobre la situación importante en un contexto económico cambiante como el que rodea a una crisis ideando un plan de prevención, si estás a tiempo, o de respuestas que te den seguridad en ti misma, te ayuden a controlar el miedo y contenga el impacto psicológico negativo.
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Define tus prioridades personales y familiares, céntrate en ellas. Esboza un plan de
supervivencia en el cual conserves solo lo imprescindible.
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Perfila objetivos a corto plazo para salir adelante y poder actuar con celeridad, esto incrementa tu satisfacción personal y te ayudará a diseñar enfoques alternativos para sortear la crisis ya que no podrás evitarla.
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Tómate un tiempo para asimilar la situación y no tomes decisiones drásticas ni precipitadas. En estos casos la rabia y la tristeza pueden conducirte a soluciones erróneas de las que luego te arrepentirás y con ello prolongarás el tiempo de emociones negativas.
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Asume que durante esta etapa será normal padecer algunos síntomas relacionados con la ansiedad y el estrés, pero si estos se traducen en insomnio, ataques de pánico, pérdida significativa de peso, sentimientos de desesperación, tristeza, rabia y hostilidad hacia los demás, busca ayuda profesional antes de llegar a un cuadro depresivo o un trastorno por ansiedad.
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Enfoca tu mente en las alternativas posibles y no en lo perdido. Pensar y actuar de forma productiva son antidepresivos y ansiolítico eficaces, más que la mejor píldora. Esta actitud funciona además como catalejo permitiéndote mirar más allá del problema actual.
-En momentos como estos es esencial
no perder la perspectiva de que las crisis económicas son al sistema como las gripes a los niños, ninguna ha sido perpetua y sirven para fortalecernos e inmunizarnos para el futuro.
- Si estás en paro, o en alguna otra situación límite,
mantén una actitud práctica y activa apoyándote en las personas más allegadas o en tus propios resortes personales. Desarrolla actividades diarias en forma de obligaciones que sustituyan una jornada laboral, esto te ayudará a evitar que la inactividad y el aislamiento empeoren tu estado de ánimo. Una opción es destinar más tiempo a los hijos y la familia en general, así como a los amigos o a labores placenteras que antes quedaban fuera de la rutina diaria por falta de tiempo como el deporte o la lectura.
- En época de crisis,
espiritualidad pura, aconsejaba un viejo profesor universitario, y no le faltaba razón. Aprovecha el tiempo y prepárate para el futuro estudiando, aprendiendo nuevos oficios o incorporando habilidades que podrán servirte para cuando llegue el momento.