Leyenda africana de Anansi: sabiduría e ingenio para afrontar los retos

La historia de una araña de la que tenemos mucho que aprender

Azucena Zarzuela

En el mundo tan competitivo que nos ha tocado vivir, una debe desarrollar múltiples habilidades para dar la talla. Estudios diversificados, dominio de idiomas, control de redes sociales... Todo forma ya parte de nuestro círculo, pero no basta. Son tiempos de continuo reciclaje, de reinventarnos y de actualizarnos cada día. Sin embargo, a veces se nos olvida que llevamos con nosotras algo innato, algo heredado de nuestros antepasados y que nos hace salir airosas en más de una situación.

¿Sabías que la sabiduría y en ingenio para afrontar los retos de la vida es muy pero que muy importante? Son valores que debemos tener mucho más allá de cualquier aprendizaje o de cualquier renovación vital a la que debamos hacer frente. Y precisamente sobre este tema trata la leyenda africana de Anansi, una araña de la que tenemos mucho que aprender. ¡Atenta a la historia

La araña Anansi: una valiosa leyenda africana 

En la leyenda africana de Anansi, como decíamos, se trata uno de los temas más valiosos para aplicar en nuestra vida y en nuestro día a día. Según narra la tradición este mito procede de una tribu ghanesa, pero en la esclavitud se llevó a tierras americanas y de ahí acabó en la cultura europea. Sus orígenes son ancestrales, pero su moraleja para afrontar los retos sigue siendo muy práctica en la actualidad. ¿Comenzamos? 

La historia es la siguiente: la araña Anansi quería poseer las historias de la Humanidad. Para ello, debía comprárselas al dios del Cielo, Nyankopon, su actual dueño. Hasta la fecha nadie lo había conseguido. Y es que, el precio a pagar era muy alto, tan alto que pocos fueron los que lo intentaron y de los que se atrevieron ninguno lo consiguió.

"¿Qué te hace pensar que te vaya a dar mis historias? Son muchos los pueblos ricos los que lo han intentado y ninguno lo ha conseguido", se jactó indiferente el dios del Cielo. Pero Anansi sabía lo que era la perseverancia y no se dejó desanimar. "Dime el precio y yo lo asumiré", exclamó. "Si quieres mis historias deberás traerme a Onini, la pitón; a Osebo, el leopardo; a Mmoboro, el avispón y a Mmoatia, el espíritu", sentenció Nyankopon. Lo que no se esperaba era lo que iba a suceder... 

La importante moraleja de la leyenda africana de Anansi 

Pues manos a la obra. Anansi regresó a casa para pedir ayuda y consejo a su madre Nsia y a su esposa Aso. Juntos los tres, idearon un plan. Las preciadas historias debía acabar en su familia. Así fue como Anansi y Aso se acercaron al río donde acabaron discutiendo sobre si la rama del cocotero era o no más larga que Onini. La pitón, escondida, no perdió detalle de la conversación. Y como siempre acabamos metiéndonos en debates donde nadie nos ha invitado, la pitón no pudo resistirse y decidió medirse con la rama, pues su ego le decía que ella era más larga. Por su piel escurridiza y su falta de costumbre a estar completamente estirada, Onini se prestó a ser atada con una enredadera a la rama para desplegar toda su longitud. La pitón había sido engañada, ya estaba capturada sin posibilidad de huir.

La trampa para Osebo, el leopardo, fue un profundo hoyo. Por consejo de Aso, Anansi cavó entre el arroyo y la guarida de la víctima. Para no dejar pistas, cubrió el suelo de hojas. Sólo un día tuvieron que esperar, pues a la mañana siguiente el leopardo estaba atrapado y retenido en el hoyo. La mitad del trabajo ya estaba hecho.

Era el turno de hacerse con la avispa Mmoboro. Para ello, Anansi limpió una calabaza y tras vaciarla la llenó de agua. Con valentía, nuestro protagonista se aproximó a un enjambre y simulando que llovía aconsejó a la avispa guarecerse en su calabaza. La sorpresa fue grande al encontrarse Mmoboro con sus alas mojadas dentro de la calabaza sin poder emprender el vuelo. Ya sólo quedaba una víctima. Anansi ya se veía dueño de la historias de la Humanidad.

Mmoatia cerraría el círculo de la leyenda. Anansi talló una muñeca a la que cubrió de goma de un árbol. Cuando acabó con la talla la dejó descansar en el suelo junto a un plato de puré de ñame donde los espíritus solían ir a jugar. Goloso como era Mmoatia no pudo resistirse y preguntó si podía comer algo. Pero la muñeca no contestaba. Furioso y hambriento, el espíritu le dio una bofetada en la mejilla, donde se le quedó la mano pegada. Incrédulo ante lo que pasaba echó la otra mano para agredir a la muñeca y ésta también quedó pegada. La última víctima ya había sido atrapada.

El dios del Cielo debía cumplir ahora su palabra. "¡Mirad! Grandes reyes han venido en busca de mis historias pero ninguna ha sido capaz de pagar su precio. Sin embrago, Anansi lo ha logrado. Así que desde hoy y para siempre entrego mis historias a Anansi y a partir de ahora se conocerán como los Cuentos de la Araña".

 

La astucia, el ingenio y la picardía siempre van de la mano de la sabiduría y son unos conocimientos que existen desde que el mundo es mundo... ¡Y todos podemos acceder a ellos!