Leyenda mexicana de las pastoras de piedra: la importancia de una promesa

Un relato que te enseñará la importancia de cumplir la palabra dada

Azucena Zarzuela

Qué importante es cumplir con la palabra dada. En ello reside nuestro compromiso con nuestras acciones en la vida y con las personas que nos rodean. Y, gracias a ello, podemos establecer relaciones verdaderas. Y es que, la palabra dada genera confianza y credibilidad. No hace tanto tiempo, nuestra palabra, acompañada de un buen apretón de manos, era símbolo de compromiso, de haber llegado a un acuerdo. No hacía falta ningún papel firmado. Pero, ¿qué pasa cuando faltamos a nuestra palabra?

Siempre se genera desconfianza y podemos acabar perdiendo prestigio. Incluso, perder algo más. Y si no que se lo digan a las protagonistas de la célebre leyenda mexicana de las pastoras de piedra. Si faltar a nuestra palabra y a nuestras promesas ya es malo y acarrea consecuencias, mucho más cuando nuestro contrato verbal es con un Dios. Atentas a este mito.

Leyenda mexicana con moraleja (sobre la importancia de cumplir la palabra dada)

Recién inaugurado el siglo XX, pocas carreteras y coches había. En Guerrero, como en todo México, la gente viajaba a pie dedicándole días al camino para llegar al destino. Barrancos, cerros, veredas estrechas eran el escenario al que se enfrentaban. Por aquel entonces, cuenta la leyenda, que un grupo de peregrinos abandonó la región de Costa Grande para dirigir sus pies a Chalma, dentro del Estado de México. El objetivo: cumplir con sus promesas (‘manda’) realizadas al señor de Chalma con el fin de agradecerle sus favores y cuidados ante las adversidades que los peregrinos habían padecido. Unos le habían rogado por la curación de alguna enfermedad, otros para pedirle fortuna o alivio a sus pesares. La fe era grande y el consuelo que hallaban en el santo debía ser agradecido y, por ello, no importaban las penurias y dificultades que el camino les impusiera.

El viaje se hizo en su mayor parte a pie, pues pocos eran los que podía contar con la ayuda de algún animal de carga. Pero la fe les impulsaba hacia delante en el camino borrando todos sus pesares y hallando el consuelo del señor de Chalma. Todos sabían que una vez se presentaran ante el santo con sus oraciones y ofrendas, serían escuchados sus ruegos y se obrarían los milagros. Pies cansados, pero corazones llenos de fe y confianza, resumían el peregrinaje. Y es que, nuestros protagonistas habían dado su palabra al santo, le habían hecho una promesa: a cambio de sus favores, ellos harían la peregrinación para llevarles sus ofrendas.

Así se convirtieron las pastoras en piedra por faltar a su promesa

En esta ocasión, unas pastoras, quienes también habían realizado sus promesas, se unieron al grupo aportándole color y alegría, pues se trataba de un clan de danzantes vestidas con trajes tradicionales muy llamativos por sus intensos colores. Incluso, se adornaban con festivos sombreros que desprendían destellos gracias a sus lentejuelas. La tradición recuerda también a estas mujeres portando un bastón decorado con telas de colores y cascabeles que incorporaban a sus danzas para añadir ritmo en sus bailes.

El camino les llevó por Acapulco, Chilpancingo e Iguala para dirigirse hacia Teloloapan con el fin de encontrar la ruta más corta que les acercara a Ixcapuzalco y de ahí llegar pronto a su destino. Cuando se acercaban a Teloloapan, en la zona conocida como Tierra Colorada, el cansancio empezaba a imponerse a la fe. Fue así como algunas de las pastoras se dejaron caer al suelo. Las fuerzas les habían abandonado. Ni un paso más estaban ya dispuestas a dar. Pese a la insistencia del resto de sus compañeros y rogándoles que debían cumplir con su promesa para no despertar la ira del santo, las pastoras se plantaron. Anunciaron al resto de peregrinos que ellas descansarían en Teloloapan y volverían con el grupo a su regreso. Nadie pudo convencerlas.

Las pastoras se quedaron en el camino, pero el grupo de peregrinos sí llegó a su destino. La sorpresa les esperaba a la vuelta. Cuando se acercaban al lugar donde se habían citado con las pastoras para regresar, sus antiguas compañeras ya no estaban y en su lugar hallaron unas enormes piedras azules con forma de mujer. La fe les llevó a santiguarse rápidamente mientras murmuraban: "esto es un castigo del santo patrón de Chalma, ya que habían prometido ir a visitarlo y bailar la danza de las pastoras en su honor, pero no lo hicieron, se arrepintieron y para castigarlas fueron convertidas en estatuas de piedra".

Hoy en día, estas estatuas siguen siendo mudos testigos de cuanto aconteció y si bien son un reclamo turístico de Teloloapan por su belleza y leyenda, también son un recordatorio para todos los autóctonos de la zona de que las promesas y la palabra dada deben ser cumplidas.

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