El Callejón del Diablo: leyenda mexicana de terror para no dormir

La escalofriante historia que se esconde detrás de este misterioso pasadizo en México

Azucena Zarzuela

Leyenda mexicana de terror: el Callejón del Diablo

Muchos son los años ya desde que existe cerca del centro de la Ciudad de México una pequeña calle que fue conocida como El Callejón del Diablo. Tan popular la ha hecho la tradición mexicana que uno ya no sabe dónde empieza la realidad y dónde la leyenda. Bien es cierto que la oscuridad y la soledad de la noche convierten a los pasadizos en escenarios idóneos para que nazca el mito con el Maligno como protagonista y el susto y el miedo como temática. ¿Te atreves a adentrarte en esta terrorífica leyenda mexicana? Aviso: puede quitarte el sueño... 

La terrorífica historia que se esconde detrás del Callejón del Diablo en México

Mucho antes de que el mundo inmobiliario no dejara rincón sin construir ni calle sin iluminar, había una callejuela que nacía en el descampado de la calle de San Martín y acababa en la calle de la Zanja. Unos árboles frondosos y un paraje solitario la convertían en un pasadizo sombrío y tenebroso. A lo que se sumaba una pequeña casa humilde habitada por un enfermo de tuberculosis y sobre la que los rumores decían que al anochecer en ella se aparecía el mismísimo Diablo. Vamos, el peor de los escenarios para pasear.

Una noche la valentía y la inconsciencia de la juventud hicieron que un joven, retado por sus amigos, se adentrara en el callejón. Cuando ya llevaba la mitad del recorrido andado vislumbró la figura de un hombre apoyado en un árbol. Al aproximarse, descubrió a un ser horrendo que reía maléficamente. El miedo se apoderó de nuestro joven y puso pies en polvorosa.

La noticia de la aventura del chaval acabó por confirmar los rumores de que ese callejón era dominio del Diablo. Y así fue como la superstición se adueñó de la vecindad, que trató de poner medidas: la comunidad, ante el miedo de que el Diablo pudiera salir del callejón y pasearse por la ciudad, decidió depositar diariamente bajo un árbol cercano algunas ofrendas en forma de monedas de oro y joyas, con el fin de librarse de su maldad.

Todos los días se repetía el mismo ritual. Por la mañana se realizaba la ofrenda y por la noche desaparecían los presentes y regalos. El barrio recuperó la calma y el sosiego, pero sus pequeños ahorros se esfumaban. Con el tiempo una pregunta empezó a rondarles: como buenos hijos de Dios que eran, ¿cómo era posible que este permitiera que se les robara a sus ovejas, aunque el ladrón fuese el mismísimo Belcebú?

Historia de miedo mexicana: El Callejón del Diablo

Fue entonces cuando unos marineros, oliéndose que ahí había gato encerrado, decidieron enfrentarse a la verdad y acabar con aquella ruina. Una noche armados con antorchas decidieron adentrarse en el callejón del Diablo. Como ya esperaban, de la oscuridad vieron emerger un ser horripilante: peludo, adornado con cuernos negros y larga cola. Sin duda, debía ser el propio Satanás. Pero los marineros no se amedrentaron. Acercaron sus antorchas a la bestia y cual fue su sorpresa al oír quejarse al supuesto Maligno: “¡Jesús, el Diablo quiere llevarme! Entre gritos y alaridos el falso Satanás emprendió la huída.

Los marineros celebraron su hazaña con no pocas carcajadas. Y a la noche siguiente, tras montar guardia, descubrieron que ya nadie se acercaba a recoger las ofrendas. Días después se descubrió que un rico vecino de la ciudad permanecía en cama a causa de una repentina enfermedad: sus posaderas estaban llenas de llagas producidas por profundas quemaduras.

El pueblo solo tuvo que sumar dos más dos para encontrar y aceptar la verdad. Nuestro enriquecido y avaro personaje acabó sanando y, tras el arrepentimiento de todas sus culpas así como para conseguir el perdón de sus vecinos, acabó donando a una institución para los más desfavorecidos todo un alijo de joyas, entre las que se podía reconocer varias de las ofrendas depositadas a los pies del árbol.

La superstición no solo puede vaciar nuestros bolsillos, también hace más pobre a nuestra alma, ya que llena de miedo y oscuridad nuestros corazones sin dejar espacio para la felicidad y alegría. Hoy, el Callejón del Diablo sólo pervive en nuestro imaginario y en las leyendas mexicanas, pues ya hace años que desapareció de la red de vías pintorescas de México.