Leyenda africana de Seetetelané: importante lección sobre ser agradecido

Un relato de África cuya moraleja te impactará

Azucena Zarzuela

Habrás oído en más de una ocasión que en esta vida es muy, pero que muy importante aprovechar todas y cada una de las oportunidades que se presentan en tu camino, ¿verdad? Saber gestionar las emociones no es fácil, pero nunca debemos olvidarnos de nuestros orígenes, del lugar al que pertenecemos y, sobre todo, que no todo en la vida es lo material.

Esta y otras muchas enseñanzas tiene la leyenda africana de Seetetelané, una importante lección sobre ser agradecido con quien te brinda su apoyo y su cobijo. Se trata de una historia tan popular que se ha convertido en un cuento de referencia y de sabiduría en todo el mundo, y no es para menos. ¿Quieres descubrirla? ¡Te va a gustar tanto que no podrás parar de leerla!  

La verdadera leyenda africana de Seetetelané 

"La avaricia rompe el saco". Este dicho popular de vez en cuando repiquetea en mi cabeza escuchando la voz de mi madre. Y es que, hay que tener cuidado con lo que se desea y, lo más importante, saber descubrir dónde está nuestra felicidad para vivirla disfrutando con lo que sí tenemos sin estar pensando siempre en lo que ansiamos, porque (y volviendo a tirar del mundo refranero) "no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita".

Este bien podría ser el resumen del curioso mito que nos ocupa: la leyenda de Seetetelané. Hasta tierras lejanas viajamos, de la mano del pueblo basuto, en el sur de África, para conocer uno de sus más célebres cuentos que la tradición popular ha conseguido pasar de generación en generación y seducir al mundo occidental.

Cuentan en tierra africana que Seetetelané era un hombre muy pobre, tan extrema era su situación que ni siquiera conseguía mujer. Su miseria apenas era compartida con los ratones de campo, los cuales le servían tanto de comida como de abrigo, pues de sus pieles había sacado la única capa y pantalón que poseía. Pero su suerte estaba a punto de cambiar. Atentas.

La historia e increíble moraleja que se esconde detrás de Seetetelané

Tras despertar un buen día y sin nada que llevarse al estómago, Seetetelané decidió salir a cazar ratones para alimentarse, pero la fortuna puso un hermoso huevo de avestruz en su camino. Incrédulo, quiso atesorarlo: "me comeré este huevo cuando el viento sople de aquella parte", cuentan que se le oyó decir.

Al día siguiente, vuelta con la rutina. De nuevo en pie para cazar ratones. Después de una jornada dura en la que los ratoncillos no se le habían puesto a tiro alcanzó a ver un pan recién hecho y yoala (bebida batusa) esperándole en a su regreso. Los días se sucedían y lo que parecía que había sido un golpe de suerte se había convertido en costumbre. Todos los días había un festín de alimentos esperándole.

Así fue como voces en su cabeza empezaron a preguntarle: "Seetetelané, ¿es que realmente no tienes mujer? ¿Quién, no siendo tu mujer, habría podido cocerte el pan y prepararte el yoala? Nuestro protagonista en esta historia no encontraba la respuesta. Fue la magia de África quien la puso ante sus narices. Y es que, cierto día una mujer joven salió del huevo y dijo: "Seetetelané, incluso cuando estés borracho de yoala no me llames nunca hija de un huevo de avestruz". El trato parecía sencillo, Seetetelané tenía ahora mujer y comida a cambió de abstenerse de pronunciar de donde procedía su bella esposa. Pero las cosas no siempre son tan fáciles como estaréis suponiendo.

Con el tiempo, la mujer le ofreció a su esposo tener hombres a su cargo, que Seetetelané se convirtiera en un importante y respetado jefe. Un sí fue la respuesta. La dicha iba en aumento. La magia de nuevo obró el milagro. La devota esposa golpeo el suelo con un palo donde se deshacían de las cenizas para que surgiera una muchedumbre de gente. Un gran aldea quedó así bajo su protección.

Atrás quedaban los harapos de piel de ratón. Ahora, aclamado como jefe lucía delicadas ropas de chacal. Y como pronto olvidamos valorar lo que tenemos, Seetetelané estaba a punto de perderlo todo. Y es que, tras una noche de borrachera y mal aconsejado por el ego y la arrogancia gritó a su mujer: “¡Hija de huevo de avestruz! Como imaginaréis el compromiso quedaba roto y tocaba hacer frente a las consecuencias.

La oscuridad de la noche le arrebató todo a Seetetelané. Él se había acostado bien abrigado, envuelto en pieles de chacal, pero al abrir los ojos se descubrió a sí mismo cubierto sólo con los antiguos pellejos de ratón y sobre un duro suelo. Y lo que era aún peor, no había mujer a su lado. La miseria volvió a su vida hasta el día de su muerte. La vida le había dado a Seetetelané un oportunidad, pero él no la supo aprovechar. No supo ser agradecido con quien todo se lo concedía

 

¿Qué te ha parecido esta leyenda africana? La moraleja que deja te hará reflexionar mucho sobre la importancia de aprovechar las oportunidades y de agradecer a quien te las brinda, ¿no crees? ¿Conoces alguna otra leyenda de este tipo? ¡Cuéntanosla en los comentarios!