Sac-Nicté y Canek: leyenda mexicana de amor (con final feliz)

Una historia de amor que nos desvela por qué los mayas abandonaron Chichen Itzá para no volver jamás

Azucena Zarzuela

Sac Nicté y Canek: leyenda mexicana de amor

El amor es libre y trae felicidad. Pero muchas ya sabemos que el Happy End pocas veces escapa de los cuentos. Que tres son multitud es un dicho bastante popular, por ello, los triángulos amorosos suelen acabar mal, en tragedia. Así nos lo recuerda la bella leyenda mexicana de la princesa Sac-Nicté y el príncipe Canek, donde si bien triunfará el amor, este traerá destrucción para un pueblo y su ciudad. Pero no nos adelantemos a los hechos y empecemos por presentar a nuestros protagonistas.

La historia de amor de Sac-Nicté y Canek (México)

Historia de amor de Sac-Nicté y Canek

Esta historia nos lleva al antiguo Mayab, cuando Chichén-Itzá, Uxmal y Mayapán habían alcanzado la paz y eran tres pueblos prósperos que disfrutaban de un auténtico esplendor. Y fue por esos tiempos cuando, respectivamente, en cada ciudad nacieron sus príncipes: Canek o Serpiente Negra (como sería conocido en la Historia), Ulil y Sac-Nicté o Blanca Flor, hija del rey Hunac-Ceel, quien pronto prometió la mano de su pequeña al joven príncipe de Uxmal, Ulil.

No obstante, los deseos de un padre no siempre coinciden con el destino escrito de sus hijos. Y es que, cuando la princesa de Mayapán, Sac-Nicté, con tan sólo 15 años, vio al príncipe Canek, por entonces con 21 años, el día de su coronación como Rey del pueblo de Chichén-Itzá, supo que su corazón ya no le pertenecía. Los dioses, que siempre son juguetones y más cuando tratan temas de amor, cubrieron de sombras los pensamientos del nuevo joven Rey Canek, pues éste, que también había reparado en la belleza de Sac-Nicté y había quedado preso en ella, sabía que en tan sólo 37 días, su enamorada se casaría con Ulil, príncipe de Uxmal.

Las campanas de boda cada vez sonaban más cerca y pronto llegaron mensajeros con la correspondiente invitación para el señor de los itzáes. Con el corazón dolorido lo último que quería Canek era festejar una boda y consolidar una alianza cuando en Ulil solo veía al enemigo que le robaría a su amada.

El desasosiego, la desesperanza, el dolor, la angustia… cubrían el día a día de Canek. ¿Qué hacer? ¿Cómo encontrar una solución? Las respuestas a estas preguntas le llegaron una noche de desvelo: "La Flor Blanca está esperando entre las hojas secas, ¿has de dejar que otro la arranque para él?", le dijo un viejecillo entre susurros como si de una profecía se tratara. Nadie supo lo ocurrido bajo la luz de la luna, todo pasó tan rápido que hasta el propio Canek no sabía si incluso lo había soñado. Pero el plan ya estaba ideado.

¿Final feliz o tragedia para Sac-Nicté y Canek?

Por qué los mayas abandonaron Chichen Itzá para no volver nunca más

Mientras, en Uxmal, los preparativos para la gran boda seguían su curso bajo el lema "de esta unión vendrá la grandeza del Mayad, y en ellos se asentará la paz y la abundancia de la tierra". Y al fin llegó el gran día.

El Rey Hunac-Ceel, señor de los cocomes, encabezaba la comitiva de Mayapán para entregar a su hija Sac-Nicté. Todo era música y alegría. Al encuentro les salió el señor de Uxmal y futuro esposo, Ulil. La fiesta daba su comienzo. Gentes de todos los pueblos cercanos habían acudido a la celebración para ser testigos del enlace. Todos, menos uno: Canek, el señor de los itzáes. Como eran tiempos de paz y armonía, le esperaron durante tres largos días. Nadie sabía que él no estaba dispuesto a festejar nada.

Finalmente, los esponsales tenían que celebrarse. Y cuando arrancaba la ceremonia, de pronto, hizo su entrada Canek escoltado por 60 guerreros, quien sin dar explicaciones irrumpió en el altar del templo para arrebatar por la fuerza a su amada Sac-Nicté de las manos de su padre y prometido. Sin que nadie tuviera tiempo para reaccionar y hacer algo, los itzáes y los enamorados huyeron.

Uxmal quedó envuelta en confusión. El pueblo se había quedado sin fiesta y Ulil sin esposa. La paz, que tanto había costado en el pasado alcanzar, quedaba rota. Ulil, junto que el que casi había sido su suegro, reunieron a un numeroso ejército para dar caza y muerte a Canek.

El ansia de venganza les llevó a la ciudad de Chichén-Itzá para emprender la batalla. Pero cuando llegaron, descubrieron que la ciudad había sido abandonada. La furia y la rabia se desataron por doquier. Saquearon, incendiaron y destruyeron bellas edificaciones y templos. Y cuenta la leyenda, que desde entonces la ciudad permanece tal cual la destrucción del amor no correspondido la dejó.

Pero, ¿cuál fue el destino de nuestros enamorados? Canek junto a Sac-Nicté guiaron al pueblo de los itzíes por la selva y, tras atravesar el sur de la península, se asentaron en la isla de Tayasal. Canek había renunciado a la rica ciudad de Chichén-Itzá por amor, pero no había dejado que su pueblo muriera o sufriera.